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Isauro Guerrero García: testimonios
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Isauro Guerrero García: testimonios
Isauro Guerrero García

Región Mazateca Alta del estado de Oaxaca

El presente trabajo es resultado quizá un poco de la casualidad o “porque así lo han querido los seres mágicos de la mazateca”. Yo no era responsable de su realización, mi interés como pasante de etnología dentro de los Programas Rurales de la UNAM –en este caso para el CCI de Huautla de Jiménez y para la COIMA–, se enfocaba hacia las ceremonias de pasaje: bautizos, bodas y funerales, así como las mayordomías. En esas fechas en que fui invitada a participar en el equipo de salud para la investigación de “Historia de vida de médicos indígenas tradicionales”, me encontraba persiguiendo huehuentones para conocer acerca de las actividades de estos grupos de danzantes (actores-músicos) que hacen su aparición en la mayoría de las comunidades indígenas mazatecas durante la semana de Todos los Santos.

Me agradó la invitación pues me pareció importante incursionar en esa rama de la cultura, aunque creí que resultaría difícil por las reticencias que, a veces, acostumbran los practicantes de este tipo de medicina. Afortunadamente no fue así, ya que desde un principio la idea fue aceptada y apoyada por los integrantes de la agrupación Médicos. Tradicionales Indígenas Agua Bendita del municipio San José Tenango, y en especial por las personas que resultaron electas en la asamblea efectuada para ese fin. Su colaboración ha sido sumamente valiosa, no sólo porque han tenido la paciencia suficiente para responder cada una de las preguntas planteadas (algunas complejas, por intermediación de las intérpretes), sino porque además nos brindaron la oportunidad de convivir con ellos y sus familias permitiéndonos entrar a su espacio cotidiano. Debido a la limitación de no comprender el mazateco, fue necesario recurrir a un intérprete, por lo que se propuso que éste fuera un familiar del curandero, ya que el afecto que los une permitiría que el trabajo se desarrollara en un ambiente de confianza y paciencia para expresar libremente sus ideas, con el fin de que las próximas generaciones conozcan y reconozcan lo valioso de la vida de estos guardianes de la salud, y para que el estímulo económico quede entre su gente. La información registrada por la entrevistadora se obtuvo con algunas dificultades, ya que la comunidad de Cerro Liquidambar no cuenta con energía eléctrica como para utilizar la grabadora por tiempo prolongado y el difícil acceso no permitió llevar los implementos necesarios para el uso de la misma A pesar de ello, se intentó conservar la expresión textual de los intérpretes (que en el trabajo se manifiestan en tercera persona) así como las escasas participaciones del actor principal en idioma español (en primera persona), aunque el relato está salpicado por algunas palabras de quien escribe. Durante nuestra estancia en la casa del chjota chjine Isauro, observamos aspectos de su personalidad. Es un hombre tierno y cariñoso con sus hijos así como con otros niños, es demasiado religioso y respetuoso, por ello, para plantearle las preguntas relacionadas con sus impulsos sexuales, tratamos de hacerlo en forma sutil y respetuosa. Es expresivo y en su afán de darse a entender en su limitado castellano o en su lengua natal, sus explicaciones siempre fueron acompañadas de mímica.

Orgulloso de ser un chjota chjine, se considera uno de los mejores curanderos de la región y siempre está ansioso por aprender más sobre la medicina tradicional y la alópata. Esto demuestra que algunos terapeutas tradicionales ya reconocen la existencia de enfermedades difícilmente tratadas con sus conocimientos, sin dejar de aceptar a la medicina tradicional como una valiosa preservadora de la cultura indígena a través de sus diversas manifestaciones.

Comentarios sobre el trabajo de campo

El 4 de noviembre, Pánfilo de la Luz López, director del CCI de la sierra mazateca, ubicado en Huautla de Jiménez, Teotitlán, Oaxaca, me solicitó colaborar con el equipo de salud para la realización de la investigación del programa Tópicos selectos “Historias de vida de médicos indígenas tradicionales”.

Dos días después, la responsable de Cultura del CCI, Rosalba Terán Carrera, y yo nos trasladamos al municipio de San José Tenango para sostener una reunión al día siguiente con los médicos tradicionales de la agrupación. Agua Bendita integrantes de la organización de terapeutas tradicionales mazatecos “María Sabina”, para informar sobre la investigación y pedirles su apoyo, así como elegir, democráticamente, a los médicos tradicionales que a su juicio eran los indicados para hacerles su historia de vida, resultando electos dos de ellos: el curandero y partero Isauro Guerrero García, de la comunidad de Cerro Liquidambar, y la partera y hierbera Teodora García Idelfonso, de la congregación San Jorge. Debido a la lejanía de la comunidad de Cerro Liquidambar, se acordó trasladarnos durante tres días a la vivienda del señor Isauro, donde se realizó la primera parte de la investigación de campo.

Con el apoyo de la responsable de cultura como intérprete, trabajamos aproximadamente dos horas y media por sesión realizando dos por día, una en la mañana y otra en la tarde. La premura del tiempo nos obligó a consultar la guía de manera regular dada la difícil comprensión lingüística durante la entrevista.

Esta primera etapa concluyó el 10 de noviembre. La segunda parte de la investigación de campo se realizó del 13 al 16 del mismo mes, periodo en el que se convivió de tiempo completo con el curandero y su familia, y se platicó con algunas otras personas de la comunidad. Contamos también con el apoyo de la hija del entrevistado como intérprete, de ahí que el formato y el trabajo se expresen en tercera persona, tal como se fue traduciendo; en contadas ocasiones el médico Isauro hizo comentarios en español, éstos quedan diferenciados (con letra cursiva) de las traducciones de su hija.

Creo importante comentar que permanecer en la casa de nuestro informante fue de gran utilidad, ya que además de conocer otras de sus labores (cultivo de café y maíz y cría de chivos), se logró una relación de afecto y confianza que facilitó la labor durante las entrevistas. Después de revisar el formato y darnos cuenta de las lagunas de información faltantes, invitamos a don Isauro y a Ofelia a visitarnos para platicar y completar esos datos; así lo hicieron, mejorando notablemente el trabajo.

Relatos de la historia de vida del Chjota Chjine

Antepasados

De sus antepasados, indica nuestra intérprete, “fue su abuelo materno, Juan García, quien le enseñó la sabiduría de la curación, ya que él hacía ese trabajo con velas, maíz, cacao y copal; también era chupador y partero”, y de igual forma “aprendió todo de su padre –es decir, el bisabuelo de Isauro Guerrero–; estos personajes murieron a los 95 y 105 años de edad, respectivamente”. Añade la intérprete que “no cualquier persona puede ser curandero, se necesita de una fuerza o poder especial; debe ser elegido por Dios como él lo fue a la edad de 10 años cuando por primera vez compartió los hongos con sus abuelos maternos”. Sin embargo aunque no es indispensable pertenecer a una familia de curanderos, sí es necesario ser elegido.

Pautas de crianza

Por la situación precaria en que vivía la familia de don Isauro, y por ser el segundo hijo responsable y el mayor, “desde los 8 años –comenta el médico en voz de la traductora– empezó a trabajar en el campo, chapeando con el machete perico”; él considera que “a partir de ese momento empezó a dejar de ser niño”, aunque en su tiempo libre aún “jugaba con sus hermanos y sus amigos al trompo, las canicas y el balero”, siendo los dos primeros sus favoritos. Sus padres no tenían tiempo para elaborarle sus juguetes debido al trabajo, ni para jugar con él; él mismo los elaboraba con madera (trompo y balero) o “compraba las canicas a escondidas de sus padres” para evitar ser regañado.

Cuidados durante el embarazo y el alumbramiento

“Cuando su madre estaba embarazada de él, ella se sintió bien”, normal, nada especial; “al momento de nacer le ayudó en el alumbramiento el abuelo materno, que era curandero y partero, siendo además quien le enseñó desde joven el trabajo de médico”; los hongos se lo habían dicho a los 10 años de edad durante un viaje: “Cuando se fue por un túnel muy largo él escuchó que el señor Jesucristo le dijo que tenía el poder para curar, igual que su abuelo”. Esto sucedió una ocasión que sus abuelos maternos estaban tomando los hongos y él interrumpió la velada, por lo que la abuela “le dio un par” (los hongos siempre se toman en pares).

Cuando él nació no hubo ceremonia alguna, “sólo lo bañaron en temascal después de los 20 días del alumbramiento junto con su mamá, para protegerlos”; el baño, además de ser curativo por los vapores, evita infecciones por el parto; el corte del cordón umbilical también cumple la función de ser limpia de protección. “No era costumbre meter al recién nacido al temascal, pero como lloraba mucho, lo metieron y se lo dieron a su mamá para abrazarlo”.

A pesar de que no era considerada como una ceremonia sino como cuidados del embarazo, era costumbre que su abuelo revisara a la mamá de don Isauro después de los seis meses le sus juguetes debido al trabajo, ni para jugar con él; él mismo los elaboraba con madera (trompo y balero) o “compraba las canicas a escondidas de sus padres” para evitar ser regañado.

Cuidados durante el embarazo y el alumbramiento

“Cuando su madre estaba embarazada de él, ella se sintió bien”, normal, nada especial; “al momento de nacer le ayudó en el alumbramiento el abuelo materno, que era curandero y partero, siendo además quien le enseñó desde joven el trabajo de médico”; los hongos se lo habían dicho a los 10 años de edad durante un viaje: “Cuando se fue por un túnel muy largo él escuchó que el señor Jesucristo le dijo que tenía el poder para curar, igual que su abuelo”. Esto sucedió una ocasión que sus abuelos maternos estaban tomando los hongos y él interrumpió la velada, por lo que la abuela “le dio un par” (los hongos siempre se toman en pares).

Cuando él nació no hubo ceremonia alguna, “sólo lo bañaron en temascal después de los 20 días del alumbramiento junto con su mamá, para protegerlos”; el baño, además de ser curativo por los vapores, evita infecciones por el parto; el corte del cordón umbilical también cumple la función de ser limpia de protección. “No era costumbre meter al recién nacido al temascal, pero como lloraba mucho, lo metieron y se lo dieron a su mamá para abrazarlo”. A pesar de que no era considerada como una ceremonia sino como cuidados del embarazo, era costumbre que su abuelo revisara a la mamá de don Isauro después de los seis meses de lo de ser necesario, según indicaran los maicitos la posición del niño.

Con el fin de darle más fuerza, le hacían a la futura madre limpias con trece granos de cacao, una pluma roja o morada de guacamaya (ave que habla y lleva el mensaje a los dioses), copal, cinco huevos, dos de gallina y tres de totola (hembra del guajolote), velas y rezos para pedir por ellos. No existía dieta alimenticia para la embarazada, podía comer de todo lo que había en la región y durante la época.

Según comenta la intérprete, “cuando había un eclipse toda la familia se reunía para protegerla rodeándola”, de tal manera que quedara en medio durante el transcurso del fenómeno. “También es costumbre que antes de atender el alumbramiento se prenda una vela y se reza a Jesucristo y a la Virgen de Guadalupe”.

Aproximadamente a los cinco minutos de nacer, antes de cortarle el cordón umbilical, se le amarró después de darle dos vueltas con un hilo que puede ser de cualquier color; “su abuelo le cortó el ombligo con un carrizo afilado a los cinco centímetros de largo, después lo limpió a base de fomentos de agua caliente para que la punta no se infecte y seque rápido; a los tres días ya debe caerse. Si el ombligo se infectaba era costumbre curar con el orín del recién nacido. Una vez que ha caído, se dejaba colgado de una planta hasta que se secaba o desaparecía. La placenta se mete en una bolsa y se entierra a un metro de profundidad y 100 metros de distancia de la casa; se cuida mucho de los gusanos y de los animales, tanto domésticos como del monte. Si los gusanos la llegan a ver el niño queda ciego, si la come un perro, el niño se vuelve egoísta”.

Nacimiento y status

“Su nacimiento, al igual que el de sus hermanos, fue recibido con alegría tanto por la familia como por la comunidad; se ponen contentos por tal acontecimiento, las amistades de la familia llevan atole, caldo de pollo o res, tortillas” y otros alimentos a la nueva madre “para que se recupere pronto”. Antes de los 40 días se debe tener mucho cuidado, tanto por la madre como por el hijo; si el padre va a un velorio o entierro, se tiene que bañar y cambiar totalmente de ropa antes de entrar a verlos, ya que “se trae el mal del difunto”, de lo contrario “puede enfermar a su familia”. Según el médico Isauro, era igualmente recibido en la familia “una niña o un niño, ya que ambos son el resultado de que una pareja esté junta, y ambos son seres humanos”. La madre los atendía porque el padre tenía que ir a trabajar, pero había ocasiones en que ella se enojaba con ellos y era el papá el encargado de defenderlos. Don Isauro, a través de su intérprete, continúa: “En algunas otras familias se quería más a los varones porque trabajan y llevan dinero a la casa, mientras que las mujeres, aunque también laboran, sólo lo hacen en el hogar”. El orden en que los hijos han llegado al mundo tiene importancia especial, aunque no siempre es percibida. A continuación se enlistan los nombres que se les da a los hijos, según el orden en que van naciendo o lugar que ocupan dentro de la familia:

El tercero tí ma, jan
El cuarto tí ma, ño
El quinto tí ma, aón
El sexto tí ma, jaon
El séptimo tí ma, ñato
El octavo tí ma, jin
El noveno tí ma, ñajan
El décimo tí ma, te
El onceavo tí ma, tejngo
El doceavo tí ma, tejaó
El último o menor jetá - ti xifetá

Del segundo al penúltimo son considerados “los de enmedio”, stina xitjio gabase.

De acuerdo con el trabajo y respeto que un ser humano adquiere a lo largo de su vida, también recibe varios nombres o categorías sociales; en el caso de nuestro protagonista.son:

ti xikjié male síxá Niño que todavía no puede trabajar

ti xijie male xá Gente trabajadora (ya pueden trabajar)

n´in xikjé tjínle chjoon Hombre que ya tiene mujer (casado)

n´in xikjé tjínle xtí Hombre con hijos chjota chjine Gente de sabiduría (curandero)

chjota chjínga Gente de edad (de respeto)

chjota chjine b´enda Gente de gran sabiduría.

Don Isauro es visto así porque conoce mucho, ya que es curandero, partero y adivina con hongos y maicitos, cuando tomo los hongos despierta más mi sabiduría. Según don Isauro, cuando llega el primer hijo varón (ti j’chjinga) se dice: “Él va a ir a la escuela, va a ser alguien importante, me va a ayudar en la milpa, va a cuidar mis terrenos, va a ayudar a mantener a sus hermanos menores y va a ser respetado por esto como a un padre. Cuando llega una niña se piensa: va a ayudar a la señora (la esposa) en el que hacer de la casa, va a darle de comer y cuidar a los animales de traspatio, va a echar las tortillas, también va a ir a la escuela; el trabajo más delicado es el de la mujer; ella nos va a cuidar cuando ya seamos grandes en las atenciones que un hombre no hace”. “Al primero se le nombra ti j’chjinga o hijo mayor, y se le da tanto la responsabilidad como el respeto, ya que va a ser el padre de sus hermanos; los siguientes tienen que acatar las órdenes del mayor en todos los trabajos, ya sea dentro de la casa o en la milpa; con él se deben poner de acuerdo. “La hija más chica debe cuidar de los padres y del hermano mayor que es también considerado como un papá”.

Herencia

Al hijo mayor se le deja la casa de los padres; los terrenos se dividen entre los otros hijos varones. A las mujeres no se les acostumbraba heredar, ya que al casarse es el esposo el encargado de proporcionarles casa y comida. Don Isauro añade que “en la actualidad es al más chico a quien se le deja la casa de los padres y si las hijas mayores quieren terreno ya pueden pelear por él, ya no es como antes”.

Rito de pasaje: bautizo

Isauro Guerrero García no tuvo ninguna ceremonia previa al bautizo, “a él lo bautizaron cuando tenía 6 meses de edad en la iglesia de San Miguel Huautepec, los padrinos fueron. Erasmo Pedro y María Tiburcia, sus tíos maternos, ellos le regalaron el ropón, los zapatitos, una cera y el rosario (chaski) y pagaron 20 centavos” por la ceremonia católica. De acuerdo a Isauro, “no se le hizo fiesta, sólo se entregó a sus padrinos una ofrenda”, un kilo de panela, dos kilos de carne de res, $5.00 de pan, un kilo de café, en agradecimiento (por su ropa) y por haber aceptado ser los compadres de mis papás.

La cera (vela) es muy importante, por eso cuando trabajo siempre tengo que prender una cera; es el significado de que me bautizaron. Don Isauro no recuerda haber tenido primera comunión.

Alimentación

Desde que nació hasta los 2 años de edad, “lo alimentaban con sikaki” (leche materna) y “atolitos, después le empezaron a dar comidas: tortillas, arroz, pollo, carne de res.

Baño

“A los niños pequeños se les bañaba con agua tibia y ja-bón de lavado. Se les tallaba con un estropajo el cuerpo y el cabello, y cuando no se tenía éste, utilizaban otra hoja llamada xkanopa”, en el agua no se mezclaba hierba al-guna, sólo se cuidaba que fuera limpia; ésta, “se traía para los hermanos mayores de un arroyo que quedaba a tres minutos de camino de su casa”.

A él le tocó acarrear agua a partir de los 7 años de edad, ya que era el segundo en orden de los hermanos, pues los menores aún no podían hacerlo; a partir “de los 7 u 8 años se bañaban en el arroyo”. “Él vivía en una casa de techo de zacate con paredes de madera con cartón y piso de tierra; la cocina era de los mismos materiales; tenían un fogón en una hornilla elevada”, no contaban con energía eléctrica, por lo que “para alumbrarse usaban candiles con petróleo. No tenían excusado, acostumbraban hacerlo al aire libre”; dormían en petates con la madre hasta los 6 años y posteriormente con algún hermano; “él lo hacía con su hermano mayor”.

“En su casa vivían catorce personas; sus dos padres, sus once hermanos y él”, para ese entonces ya trabajaban cinco de sus hermanos y él para mantener a la familia.

Salud y enfermedad

“Su familia lo cuidaba mucho y cuando se enfermaba lo curaban con la medicina tradicional; lo protegían de la gente extraña”, ya que “se cree mucho en el mal de ojo, para ello se utiliza pisiate y se le reza a san Pedro y san chivo, puerco, sopa de pasta, frutas (naranja, plátano, guayaba, etc.)”, y verduras de la época y de la región. “Ya tomaba, además de atole y agua, un poco de café. Él y sus hermanos comían en la cocina juntos dos o tres veces al día”, de acuerdo a la situación económica de su padre en esa temporada.

Indumentaria

La forma de vestir de los pequeños varía de acuerdo con la edad y el sexo. A los niños de 0 a 3 años “no se les ponía pantalones, sólo se les cubría la parte de arriba con una camisetita o suéter si hacía frío”; de 3 a 7 años, “les ponían pantaloncitos con tirantes y camisetita”; de 7 a 15 años, “calzón y camiseta de manta así como huaraches de cuero”.

A las niñas de 0 a 3 años “se les ponía vestidito o camisetita con calzoncito”; de 3 a 7 años,“vestido corto y calzoncitos”; de 7 a 15 años, “vestido más largo y hua-raches o zapatos de hule”. A los 15 años de edad me puse mi primer pantalón de vestir.

“Tanto para la fiesta grande del santo patrón de la comunidad (en La Providencia, San Agustín, el 28 de agos-to) como para Todos los Santos, se les compraba a los niños ropa nueva y huarachitos y se les arreglaba muy bien; para ir a la escuela no llevaban uniforme sólo para algún desfile”. El uso de calzado variaba según las condiciones económicas de la familia; antes comenzaban a usarse a partir de los 3 años zapatos de cuero o plástico y ahora, desde que caminan, si se puede, se les compran sandalias de hule.

Cuando se le preguntó a don Isauro cuál era el momento de más satisfacción y cuál el recuerdo menos importante de cuando era niño, comentó que el más importante fue “cuando empezó a trabajar en el campo a los 8 años, ya que podía llevar dinero a su casa”, Dios me dio la fuerza para seguir adelante; y se sintió menos importante a los 5 años porque escuchaba que sus padres hablaban de la necesidad económica y de que él aún era muy pequeño para trabajar y ayudarles”.

División del trabajo por edad y sexo

En lo relacionado con el trabajo, los niños y niñas desde la edad de 7 años empiezan a imitar a sus mayores en las tareas domésticas o del campo, pero ¿qué tareas pueden realizar?, ¿cuáles son sus primeros trabajos y a qué edades? “A los varones de 8 a 10 años los mandan a la escuela”, si hay una cercana a su vivienda o comunidad; “los mandan a traer agua, a cuidar a sus hermanos menores, ir a llamar a sus papás (o parientes cercanos), llevar recados y soplar la lumbre”.

De los 10 a 15 años, “los llevan al campo y ahí se les enseña a trabajar: cargar leña, chapear, cortar las cerezas del café, sembrar, doblar y bajar elotes y el frijol”; a los 15 un joven ya puede desempeñar las mismas labores que su padre. “Las niñas desde los 7 años empiezan a aprender a tejer, coser, atender a los animales (gallinas, cerdos o chivos), traer agua, barrer y buscar trozos de leña” en las cercanías de la comunidad. A medida que van creciendo, sus tareas son más complejas; “lavan la ropa, cocinan, hacen el nixtamal, lo muelen y hacen las tortillas; al campo sólo van a cortar café, frijol y lo traen cargando” hasta la casa con ayuda de su rebozo. Una muchacha de 16 años ya puede realizar todas las tareas del hogar igual que su madre.

“Hay hombres que ayudan a sus mujeres en algunas tareas, como atender a los animales y traer la leña, no para acarrear el agua”, es casi siempre responsabilidad de los hijos y las mujeres.

En el caso particular de don Isauro, “él a la edad de 8 años salió a trabajar al campo; sembraba caña con su padre, chapeaba el terreno y exprimía las cañas para sacarle el jugo con el que se hacía aguardiente o panelas; a los 15 años ya podía cuidar el cocido de éstas”.

“Más tarde trabajó en el cultivo de café; él prefería este trabajo porque es menos cansado que el de la caña. También fue aprendiendo a curar”, por lo que a los 25 años su labor era más completa; no sólo ayudaba en la caña, trabajaba el café y atendía a sus chivos, sino que ya era reconocido como un buen curandero, y empezaba a ser un hombre de sabiduría.

Educación formal

“Cuando él era niño, Isauro hablaba en mazateco, no sabía castellano”, igual que los otros niños de su edad de la comunidad donde vivía. “Fue hasta los 10 o 12 años cuando empezó a entender el castellano; cuando fue a la escuela aprendió un poco”; en la actualidad no lo habla, ni lo entiende bien completamente.

Pero si en su forma de hablar como niño y joven no hubo nada especial, sí lo hay en su forma de expresarse como curandero; “un chjota chjine b’enda debe hablar en forma fuerte, pausada y clara para que se le escuche y entienda bien”, tanto en el más allá como con sus pacientes.

A los 12 años de edad, empezó a asistir a la escuela primaria “Agustín Zaragoza”, de la comunidad de Río Santiago, municipio de Huautla de Jiménez; todos los días bajaba caminando 5 km para llegar a la escuela, mismos que subía para regresar a su hogar, en La Providencia. Durante dos años de estudio terminó el segundo grado de primaria, donde aprendió a leer y escribir el castellano de manera deficiente; ahí en las canchas de la escuela le agradaba jugar al baloncesto con sus compañeros de estudio; cuando los mayores de la escuela o la comunidad no la ocupaban jugaban con una pelota ya que no tenían dinero para comprar un balón. Los mejores amigos de su infancia, que aún recuerda, fueron: Ángel, José Martínez, Ricardo Martínez y Felícito Guerrero.

Cuando murió su hermano mayor a los 15 años, él dejó la escuela y se dedicó a ayudar a su padre; “sus abuelitos y el resto de su familia lo veían con respeto por que era un joven muy trabajador”.

Como ya comentamos, asistió a la escuela primaria a los 12 años. “Sí le agradaba, sobre todo porque platicaba y jugaba con sus compañeros que también eran sus amigos y como era de pensarse, si eso era lo que más le gustaba, al maestro era precisamente lo que más le molestaba, por lo que les pegaba con varas en la espalda porque no atendían la clase y no aprendían bien, aunque el maestro sí les enseñaba; éste se llamaba Modesto y venía de Huautla de Jiménez”; a don Isauro le disgustaba que los regañara y golpeara, “también le molestaba que los niños mayores no los dejaran jugar en las canchas de la escuela”.

El libro preferido de Isauro, que recuerda con cierto cariño, es Arma campesina (alma campesina). Las clases se daban frecuentemente en mazateco, ya que la enseñanza del español era casi nula; “éste lo medio aprendió a leer y escribir a la edad de 45 años, en Teotitlán, gracias al maestro Casimiro Quina, en una escuela nocturna de educación para adultos”. Don Isauro Guerrero considera que “ir a la escuela sí le sirvió, aprendió a hacer su firma, a leer y escribir un poco en castilla y a hacer cuentas con los números, sobre todo la suma”.

Su relación con los niños fue normal, era buena; a su escuela asistía puro niño mazateco, pero si con éstos la relación era buena, no lo fue así con los maestros, ya que eran groseros y les pegaban a los niños. Sus padres “no le ayudaban en las tareas, sabían menos que él” y “lo regañaban cuando no las hacía”; no siempre cuidaban su asistencia ya que eran ellos quienes en épocas de mucho trabajo lo llevaban al campo ocasionando que faltara a la escuela.
02-19-2008 03:57 AM
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Cultura Oral

La forma de hablarle a los niños era en mazateco y cariñosamente, aunque también se les regañaba cuando hacían algo que molestará a sus padres o abuelos. “Los niños menores de 7 años no saludaban, pero a partir de esa edad empezaban a hacerlo, como se acostumbra en la comunidad. Todos ellos debían dirigirse con respeto hacia los adultos y aún más a los mayores; cuando éstos platicaban no debían interrumpirles, y si lo hacían se les regañaba e insultaba duramente”. Yo he educado a mis hijos de la misma manera.

Historias sobre enfermedades

Las historias siempre han despertado gran interés en todas las personas, “en la propia casa o en la de los amigos, durante un descanso, en la escuela, en el camino, con las muchachas o los jóvenes y, sobre todo, con los señores de edad cuando son escuchados con seriedad ya que platican ¡todo tipo de historias!”

Durante su juventud don Isauro escuchó varias historias, algunas de ellas hablaban de las enfermedades y de cómo recuperar la salud, nada raro si recordamos que en la casa del abuelo es donde permanecía mucho tiempo y éste era curandero.

Una de las historias que recuerda es la de una niña que fue al río y al regresar a su casa ya no estaba igual, no quería comer, lloraba durante toda la noche y sus padres se preocuparon; se dieron cuenta que había perdido su espíritu. Para curarla, para que su espíritu regresara, le rociaron la cara con agua, la llamaron por su nombre y le decían, ven, ven fulanita, ven ¿dónde estás?, ¿a dónde se fue tu espíritu?, ven, te estamos esperando.

Si la curación que realizan los familiares no resulta, entonces se le pide a un curandero que sea quien haga la ceremonia. “El curandero (en este caso su abuelo), mediante la adivinación, vio que el espíritu de la niña se quedó en el río, porque ésta se asustó ahí por alguna causa; los familiares de la niña y el curandero fueron a ese lugar, donde el chjota chjine pegó con un palo, pidiéndole al lugar que soltara el espíritu de la niña, esto lo hizo mientras rezaba, después frotó a la niña con San Pedro o pisiate en el pecho a la altura del corazón y en los antebrazos y muñecas; terminó la curación rociándole con agua la cara y llamándola por su nombre.

La roció tres veces con el agua que tenía en la boca, y la llamó; la niña fue volviendo, su espíritu escuchó el llamado, ya que el lugar lo soltó y regresó; así se curó esa niña”. Otra historia que cuenta don Isauro es la siguiente. “Era su compañero de escuela (amigo de Isauro), un muchacho de 8 años, a quien siempre le gustaba correr por el camino, por la milpa, por la escuela y ahí fue donde se cayó y se lastimó su rodilla, ¡se le despellejó toda, se le veía la carne! Isauro lo vio todo y se asustó mucho ya que él quería a su amigo, por lo que fue rápido a contárselo a su maestro y lo llevó con un médico particular, el doctor Norberto, quien lo curó y después lo vendó, así se quedó varios días; ahora él sabe que hay hierbas para curar ese tipo de heridas”.

Historia de un curandero

De las historias de personas que saben curar, don Isauro recuerda la de su abuelo materno, a quien le dieron el poder, igual que a él, a través de los hongos, pero no sabe a qué edad. “Su abuelito no sabía leer ni escribir, pero era un hombre de gran sabiduría (igual que su bisabuelo), él también adivinaba por los maicitos, y fue quien le enseñó a hacerlo”.

“Cada año se nombraba ante Dios para continuar con su profesión, para ello prendía trece velas y pedía por su trabajo, su casa, sus hijos, sus padres, su frijol, su café, su maíz, sus chivos hasta completar trece cosas; también se curaba con el cacao para no enfermarse, para no perder su fuerza y tener más poder para curar. Él recuerda a un señor con epilepsia que llegó a ver a su abuelito para que lo curara, éste lo curó con la ayuda de los santos en tres o cuatro sesiones o visitas, también le dio un paquetito de san Pedro para que lo protegiera. Antes de las curaciones el abuelito le dio a tomar los hongos (‘ndíxitjo) y ahí se vio qué tenía y lo pudo curar”.

También acostumbraba curar mediante la succión, “chupándole el mal y aventándolo hacia el poniente”. “Una ocasión, un señor que tenía dolor de cabeza fue a pedirle a su abuelito que lo curara, él vio cómo le fueron sacando piedritas de la cabeza, así se fue curando hasta que quedó bien, era un mal que le habían hecho”.

“San Venancio y San Lucas son los santos que ayudan en estas curaciones; se les nombra y rezan las oraciones para curar. También se hace así para sanar a los sordos; primero se persigna el curandero, reza y luego prende seis o siete velas, le chupa cuatro veces en el oído donde no escucha, después le echa varias gotitas de agua de cacao, le habla de cerca y pregunta, ¿cómo está, ya oye bien? Si no es escuchado, repite lo anterior hasta que el paciente le dice que ya escucha”.

Aprendizaje

A diferencia de otros médicos tradicionales, don Isauro, a la edad de 10 años ya sabía que su destino era ser curandero, ser un chjota chjine, lo cual era visto por su familia con naturalidad, ya que entre sus ancestros era común esa profesión.

Recuerda cómo fue informado de su futuro: “Aquella noche cuando por casualidad interrumpió la velada de sus abuelitos que estaban tomando los honguitos, él fue invitado por su abuelita y al viajar entró por un túnel largo y oscuro, ahí fue cuando Dios le habló de su misión de curar y le dio el poder para hacerlo”; ante esto, desde los 12 años empezó a ser enseñado por ellos, no hubo ni estímulos, ni regaños en su aprendizaje, ya que él por propio gusto fue aprendiendo los rezos, las canciones, cómo ofrecer las velas, leer los maicitos, el copal, todo con la ayuda de los honguitos.

A los 16 años tenía que empezar a curar, los abuelos decían nuestro nieto Isauro ya sabe curar, a él le daba mucha pena, pero debía hacerlo. Uno de los padecimientos que curó fue la diarrea, el paciente fue su hijo Aurelio de 7 años, estaba enfermo del estómago; tenía 25 años cuando tuve que curar a mi hijo, me sentía triste, pero me quedé contento cuando se curó, entonces la gente se enteró y empezaron a venir señores, señoras ¡cada vez más personas! para que yo los curara. Llamé a Cristo Jesús para que me ayudara, me arrodillé y me persigné como me enseñaron mis abuelitos, le limpié con hierbas el estómago y luego le sobé y presioné con éstas en ese lugar; luego le di a tomar hierbas, en forma de té. El recuerdo es claro, ya que ésta fue una experiencia significativa para él. A partir de entonces cada día aprendió curar enfermedades, a bendecir casas, ranchos, milpas; a atender los partos y a ser guía en la toma de los hongos. Los santos que le ayudan son: para el parto, la Virgen María y al señor san José; para recuperar el espíritu perdido por un susto, Jesucristo; para chupar el mal aire y quitar las enfermedades, san Mateo, san Lucas y san Venancio; en las ceremonias del campo y para proteger a los animales, san Isidro, y para pedir por los negocios, San Antonio. Además, de lo que aprendió con sus abuelos también ha investigado sobre otras curaciones buscando aumentar sus conocimientos, yo buscaba y buscaba cómo hacerlo, cómo saber más.

Los elementos de la naturaleza

Desde aquella época, el mundo que le rodeaba tenía una explicación mística: “La tierra tiene una dueña: Isabel, que es quien la sostiene y a quien antes de tomar aguardiente, café o agua en el campo, se le da una probadita primero; es como la luz, tiene fuerza, poder y hay que pedirle permiso y hacerle ofrendas cuando se va a construir una casa o un corral. El cielo es del sol que es Cristo Jesús; el viento es del diablo, da frío, hace daño, es viento malo el que viene del poniente, pero también hay vientos buenos que traen la lluvia, esa es buena para la milpa, el café, trae los retoños; ese viento viene del oriente”. La luna tiene que ver mucho con los nacimientos y las cosechas: “Cuando la luna está redonda, entera (tse sá), es buena; si nace un nene, éste generalmente es varón y fuerte, crece sano y grande. Cuando la luna está en medio (jchá sá), es medio tierna, nacen niñas.

Cuando no hay luna (kjin jión, está oscuro), también pueden nacer nenes, algunos nacen bien y otros muertos”. Al preguntarle si la situación de la luna coincide con el momento de la fecundación, nos contesta que “no se sabe, no se puede adivinar, no se sabe si se está haciendo un nene”, mientras ríe divertido por la pregunta. Respecto las actividades del campo, don Isauro comenta: “Es mejor cortar madera en luna redonda para que dure más, ya que así no le entran fácilmente los bichitos, lo mismo con la cosecha del frijol y el maíz para que no les salgan gorgojos pronto”.

“Los eclipses pueden ocasionar dolor a las embarazadas, pero sólo mueven al niño, no les hace daño, no nacen”, es decir que no se provoca el aborto. En aquel tiempo como ahora, Isauro “considera que la enfermedad (ch´in) es como un mal aire, cuando le toca la enfermedad a alguien debe pedir perdón a Dios” (esto nos hace pensar que la enfermedad puede ser una forma de castigo por algo negativo que se ha cometido). Mientras aprendía, tuvo varios problemas con su salud, “se enfermó de los pulmones y lo curaron por presión, también padeció de dolor de cabeza y estómago, comía poco, tenía asco y fue su abuelito quien lo curó con honguitos”. Su alimentación durante esa época de su vida fue igual a la del resto de su familia, con su cuerpo tenía cuidados como “no tomar aguardiente, comer sano y tener relaciones sexuales sólo con su esposa, no debía tener dos mujeres porque es malo”, porque Dios no quiere eso, “solamente quiere que esté limpio”; a pesar de su juventud “él ya no jugaba, no tenía tiempo”, el aprendizaje de chjota chjine y su trabajo en el campo no le dejaban tiempo, además ya estaba casado desde los 15 años, “ya tenía familia para atender”.

Sueños

En la etapa de aprendiz no tuvo ningún sueño especial, pues se relacionaban con su vida diaria; “soñaba que estaban prendiendo ceras (velas) y tomando hongos, él brincaba en sus sueños (de sobresalto), pedía a Dios por su familia, por su trabajo; durante las noches antes de dormir se arrodillaba a rezar”. “Hay sueños que se hacen realidad, otros no, hay sueños de gracia, son buenos, son cosas buenas que nos pasan y si queremos que sean realidad debe uno arrodillarse; cuando uno sueña que el espíritu está lejos, éste está haciendo lo que se sueña”. En una ocasión tuvo un sueño: “Él estaba afuera, al lado derecho de su casa actual, y Dios le dio algo, como, monedas de oro, él no sabía lo que era; aparecían unas personas brincando, piensa que es gente limpia, santa, como Dios, estas personas no decían nada aunque les preguntaba ¿qué cosa quieren?”

“Soñar con difuntos es algo malo, se deben prender trece velas al espíritu de ese difunto, para que no pase algo malo”.

Soñar con animales puede tener varios significados:

“Si es un águila, da miedo, es una bruja, siente que está sobre su corazón; un perro, es dolor de panza, es un policía, un vigilante. Gato, si es negro, es el diablo, blanco es alegría, otro color puede ser enfermedad; con chivos es bueno, es negocio, no importa el color; tigre es malo, es el presidente, que nos manda a la cárcel (el presidente de la comunidad pertenece a un partido diferente al de él y no lo ve con simpatía). Soñar con una serpiente es malo, es ladrón, igual que el león, la ardilla y el tejón, ya que estos dos últimos sacan el maíz de la milpa y se lo comen”. Palomas significa algo bonito, es bueno; chuparrosa, anuncia visita.

Para concentrar estas categorías se hizo una lista de otros animales y se les clasificó en buenos y malos:
Buenos (comestible)

Malos (no comestible)
Jabalí

Coyote
Temazate

Lobo
Pescado

Zopilote (es brujo)
Gallina

Cerdo (es sucio, anda en el lodo)

Cuando se sueña con una mariposa o un pájaro y éstos entran en la casa, es recomendable que se lean los maicitos para saber qué significa y si es algo malo poder protegerse.Hay enfermedades curables y no curables, “esto se puede saber por dos maneras, al tirar los maicitos o al tomar los hongos, ahí se ve todo”.

“En las veladas con los honguitos (que inician a las ocho de la noche y terminan aproximadamente a las dos de la madrugada), él puede ver a Dios en el cielo, Dios le pregunta qué quiere, él pide gracia para curar a una persona; si se puede sanar, le dice lo que quiere a cambio de la curación: siete o trece ceras y se le prenden. También le puede dar la causa de la enfermedad: alguna tierra del camino le cayó mal, tiene dolor porque orinó en una barranca y el chicon donta lo castigó.

“Hay curanderos que acostumbran dejar en las cruces del camino las cosas que usaron para limpiar o curar algún enfermo, si alguien las pisa le puede entrar el mal que curaron, esa es gente que no trabaja limpio”.Para curar lo anterior “se usa el agua de cacao o se van a enterrar trece manojos de cacao con plumas de guacamaya o copal (a falta de éstas), y San Pedro (pisiate) en el lugar donde se hizo la falta, así el error ya está pagado, volviéndole la fuerza (o salud) al enfermo, quien se había puesto flaco y frío”.

“Por eso no se debe orinar o tener relaciones en el río, el cerro, la barranca o hacia el oriente”, puede hacerse hacia otro punto cardinal, “porque la fuerza de quienes cometen esas faltas se queda ahí, por eso uno debe hacerlo en la casa, para eso es”. A veces es en los sueños donde el chjota chjine ve la causa y manera de curar a un enfermo suyo, él lo comenta sólo con el paciente, con nadie más.

“Cuando alguien no se va a curar, cuando la enfermedad es para morir, es cuando Dios no le da permiso para sanarlo; cuando toma los hongos para saber sobre ese enfermo todo sale negro, ¡no se ve nada, todo está oscuro!”

Sus avances en el aprendizaje de la curación no los comenta con nadie, sólo él y Dios lo saben; “la gente a quien ha curado lo cuenta a otras personas que después vienen para que les prendan velas para dar gracias”.

“Con el maíz también se puede saber si alguien se va a curar, de acuerdo a la cara de los maíces, ya sea de corazón o de espalda. Si se va a curar salen de corazón, de gracias; si va a morir sale cruz al caer y con la cara opuesta al corazón. “Dos maíces de corazón encontrados, dicen que va a llegar su fuerza, también indica a la pareja cuando existe amor. “Cuando la gente se cura está contenta con él, pero les dice que es Dios quien les está curando”, esos momentos son los que le han animado para seguir adelante.

Él nunca recibió regalos mientras aprendía a curar, pero sí recuerda con agradecimiento y cariño a quienes le enseñaron, “por eso siempre que puede les lleva velas al panteón a sus abuelos”. Debido a que desde niño le agradó ser un elegido para curar, nunca hubo la necesidad de presionarlo para que aprendiera, “él lo hizo rápido, le gustaba hacerlo. Su papá lo regañaba porque consideraba que no quería trabajar más por gustarle tanto aprender la sabiduría, sólo lo regañaba, nunca le pegó, pero cuando aprendió, lo quiso mucho”.

Nuestro interlocutor considera que no hubo algún lugar sagrado o especial donde haya recibido el don o señal para curar, a no ser que se refiera a la casa del abuelo en la comunidad de La Providencia, municipio de Huautla, donde tuvo su visión al velar con los hongos; recuerda que cuando su abuelo consideró que ya sabía curar, lo puso a prueba: lo mandó sanar varias enfermedades de sus propios pacientes para ver cómo lo hacía.

Cuando su maestro creyó que ya era tiempo “le hizo su ceremonia de iniciación para presentarlo ante Dios y pedir le diera fuerza, con cinco manojos que contenían cacao, copal y plumas de guacamaya; enterraron uno en cada esquina y otro en medio de su casa, también le dio persignacion o bendición completa”.

“Él y su abuelito estuvieron cuatro noches solos, sin tener relaciones con sus esposas. También recuerda que él tuvo que guardar dieta sexual por 53 días”, el mismo número de los granos de maíz con los que adivina o lee y la misma cantidad de cacaos que entierra bajo la mesa de su altar, lo cual se describirá más adelante.“También le dio un envoltorio o paquetito con San Pedro (a manera de amuleto) para llevarlo siempre”.

Al tocar de nuevo el tema de los sueños nos cuenta que “cuando su esposa tenía un mes de muerta, la soñaba; sentía que estaba con él ahí en su casa; soñar con difuntos es malo, puede ser el aviso de que algo malo va a suceder, por eso se les prenden velas”.

“Cuando se tiene un buen sueño y queremos que éste suceda, se prenden trece velas de gracia; si se sueña que se anda en el campo y se está trabajando es un sueño bueno, si se sueña que se comió un mango la mitad buena y la otra mitad mala, es enfermedad (lo podrido significa enfermedad). Cuando se sueña esto se despierta sintiéndose pesado, por lo que el siguiente domingo se debe ir a prender velas en el altar de la iglesia de Tenango”.

Cabe observar que la mayoría de las comunidades del municipio de San José Tenango, incluyendo la del protagonista, no tienen iglesias y, aprovechando que los domingos son días de plaza, bajan a la cabecera municipal a hacer sus compras semanales, ir a la iglesia, y, de ser necesario, aprender velas.

Para él los sueños provienen de todo el cuerpo; para saber si éstos tienen que ver con el alma es necesario regresar al momento del nacimiento de un niño y saber si tiene espíritu (alma). Isauro nos dice que sí, que “es Cristo quien se lo da a los hombres; fuerza todavía no, su fuerza llega al año; la fuerza se tiene por los alimentos y los líquidos (agua, atole, café), la fuerza es salud”. Así llegamos a la respuesta de que los sueños sí están relacionados con el espíritu, pero no nos amplía su respuesta a pesar de nuestra insistencia.

Si queremos saber si un sueño bueno será o no realidad, “se prenden velas y se le pregunta a los maicitos, ellos dan la respuesta”. Él, no por ser chjota chjine sueña diferente, sueña igual que las demás personas.

Con respecto a la curación, los sueños tienen significado: “Si una persona enferma sueña que se va a curar, es bueno, es señal de que va recuperando su fuerza, su salud; si sueña que está encima del monte, es bueno, se va a curar. Si no se va a curar sueña oscuro” (existe semejanzas con las visiones que se tienen durante el viaje, al tomar los hongos para conocer la posibilidad de la curación de algún paciente).

Los sueños sí pueden influir en la vida real, por ejemplo “si se sueña que se pelea con su mujer porque no le quiere hacer las tortillas, puede ser verdad, puede que eso suceda”.

Adultez

“A los 15 años, como ya sabía trabajar bien, le buscaron mujer, se llamaba Josefina Morales Martínez, de 14 años de edad, y era también de La Providencia; con ella no hubo ceremonia de matrimonio, ya que nada más se juntaron y se fueron a vivir a Cerro Caballero, ahí tuvieron siete hijos: cinco varones y dos mujeres, uno de ellos de nombre Aurelio aprendió a ser curandero, yo le enseñé sobre los honguitos; ahora él vive en San Pablo Xochimehuacan, en Puebla”.

A la edad de 22 años, “Josefina tuvo una enfermedad del estómago, diarrea, que le causó la muerte; él intentó curarla”, le di hierbas pero no le ayudó mucho, ya no comía, sacó todo, le bajó todo. Cuando esto sucedió los siete niños estuvieron al cuidado del papá, con la ayuda de los abuelos paternos; al contraer matrimonio don Isauro por segunda vez, los niños se quedaron con los abuelos. Aproximadamente un año después de la muerte de Josefina, don Isauro contrajo matrimonio nuevamente –continúa nuestra traductora e hija de don Isauro, misma que, para esa época, ya tenía 24 años–, “un año esperó para casarse con mi mamá Ofelia Martínez García, de 16 años de edad; con ella tuvo cinco hijos: cuatro mujeres y un varón, dos de ellas ya murieron; con mi mamá se casó por lo civil y por la iglesia, le lavaron la cabeza según la costumbre”, se puso bonito, hubo padrinos, mataron seis guajolotes y los padrinos fueron Perfecto Martínez Maldonado y Marcelina, vivieron en Cerro Liquidambar, de donde era ella”.

“Mis abuelitos, los papás de mi papá, todavía vivían cuando se casó con mi mamá; hace seis años murió mi abuelito y cuatro años después mi abuelita”, nos dice Ofelia. Esta segunda esposa de don Isauro falleció hace tres años, aproximadamente a la edad de 53 años, fue por un parto, él no estaba, se había ido a Puebla, por lo que no pudo atenderla. En Cerro Caballero, lugar a donde se fue a vivir después de casado, fue y “enseñó a curar a una de sus hermanas, Heriberta Guerrero”.
02-19-2008 04:00 AM
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Re: Isauro Guerrero García: testimonios
Cultura Médica

Es interesante saber qué es un curandero, qué se siente tener esa tarea y qué ha significado en todos los espacios de su vida ser quien es, sobre todo si estos comentarios son expresados por el propio Chjota Chjine.

“Un curandero es alguien que hace un trabajo, el trabajo de curar, de regresar a la gente su fuerza, su salud o su espíritu, si es que lo perdió. Es como un abogado, que pide a Dios y a los santos por los enfermos para que sanen, para que les cure su enfermedad”.

Él se siente muy contento de ser chjota chjine benda (hombre de gran sabiduría), lo soy gracias a Dios. Se siente una persona importante cuando lo visitan, cuando van a buscarlo, ya que le gusta curar o enseñar; le agrada que la gente sepa que es curandero. Aunque le gusta enseñar, “no todos tienen la fuerza o poder para curar; sólo se puede saber por los hongos si alguien va a ser bueno para eso y (entonces) se le enseña”.

En su forma de vestir no hay nada especial, ya que sus ropas son del mismo tipo que usan las personas de las comunidades mazatecas.

Su alimentación es igualmente común, come igual que su gente, aunque comenta que a veces llegan a verlo de siete a diez personas el mismo día y no puede comer por atenderlos.

“Su salud la cuida no bebiendo aguardiente, comiendo bien, ofreciendo ceremonias y tomando honguitos para tener fuerzas y poder. Él casi nunca se enferma porque lo tiene protegido Dios.

“Trata de ser bueno con sus hijos y nueras así como con la gente de su comunidad y toda la que conoce, igual que lo hacía su difunto abuelo. Se preocupa por su familia, trata a los niños con cariño pero también los regaña si se le quedan mirando a las personas que vienen a consultarlo. “En la comunidad no hay otra persona que cure, sólo una partera, pero la mayoría lo prefiere a él”.

Testimonios

La señora Rosalía nos platica: “Me casé cuando tenía 33 años, tengo cinco hijos, de 13, 12, 9, 8 y 1 años de edad, de todos ellos me ha atendido don Isauro. Desde los seis meses de embarazo a los ocho, he venido para que me dé masajes para acomodar al niño, también me ha ayudado cuando van a nacer. Él siempre me atiende porque lo hace bien, el día que a mi mamá la atendió otro curandero ella se murió. Cuando comienza el dolor me da café amargo y caliente para darme fuerza y ayudarme a tener al niño; me presiona el vientre para ayudar a salir a la criatura; me recupero bien a los cinco o seis días. En el último parto ya casi me moría, fue el más difícil; pienso que porque el médico de Tenango (médico alópata) me dio algo de medicina (vitaminas) y el niño creció más, vino más grande y gordito. Todavía me baja cada mes, no sé si voy a tener otro hijo, no conozco remedios para no tenerlos. He venido a ver a don Isauro por otras enfermedades de mis hijos: vómito, hinchazón de la cara, dolor de muela; les dio yemas (huevos) que les pasó encima. No nos cobra, sólo lo que podamos darle”.

Cuando se le preguntó a la hija de don Isauro quién la atendió en su parto, ella relata esta experiencia: “Desde los seis meses ya se puede acomodar a los bebés, pues le da dolor a la mamá y a veces no se puede caminar; es porque está creciendo. Cuando lo acomodan ya no se tiene dolor. A los ocho meses ya está más grande y lo vuelven a acomodar, después hasta que va a nacer”.

“Lo primero que hace el partero (en este caso su papá) es acomodar al niño, luego prende siete velas y le reza a Jesucristo. A mí me dio a tomar una taza de café amargo, luego una de té de su liita, que se hace con siete hojas y siete flores; se hierve y se da para tomar caliente, esto sirve para sudar y así nace más rápido el nene”.

Acerca del momento del alumbramiento, la hija de don Isauro continuó narrando su experiencia: “Me puse de rodillas y me afiancé a una silla (al respaldo), mi papá me sacudió el vientre y lo presionó. Cuando ya nació mi niño me acostó en el suelo sobre un petate y es hasta los doso tres meses que se regresa a dormir a la cama. Después (horas más tarde) se le da a la mamá atolito para quetenga leche para el niño. No me levanté pronto, porque hay piedras grandes y si se levantan las piernas sale más sangre”.

Observaciones de la entrevistadora: las características del terreno son de pendientes o subidas y grandes piedras que requieren de mayor esfuerzo en las piernas, repercutiendo en el bajo vientre, que podría causar daño por lo reciente del parto, lo delicado del útero y ocasionar así una hemorragia.

Continúa narrando la hija de Isauro Guerrero: “Hasta un mes después me levanté, mientras me llevaban atolito y mi comida hasta el petate. Después cuando me levanté no debía hacer trabajos forzados ni levantar cosas pesadas; hasta los tres meses se pueden realizar todas las cosas de la casa”.

“Ese mismo día en que nació mi niño le dimos para agarrar el machete, el machete perico, el azadón, lápiz y cuaderno; si hubiera sido una niña se le habría dado una aguja de coser, lápiz y cuaderno, esto le va a servir para aprender fácil”. Un aprendiz de un chjota chjine benda no se distingue, hasta ver su trabajo se sabe, dice Isauro.

Las personas mayores de la comunidad, o sea la gente de más edad, generalmente conocen sobre remedios caseros para curar las enfermedades sencillas, pero cuando éstas no sanan entonces es necesario llevar al enfermo a un curandero, ya que éste tiene conocimientos mucho más profundos sobre la manera de aliviar cada enfermedad, “él tiene más poder para comunicarse con los santos y Dios para pedir por la salud de los enfermos”. Los santos y Dios, Jesucristo, son fuerzas que ayudan en las sanaciones.

El curandero puede ser considerado como intermediario o puente entre lo que se ve y lo que no se ve; entre los humanos y las fuerzas que apoyan a devolver la salud. “También hay gente mediadora entre los hombres y los poderes para dañar, para causar enfermedades”, esas las manda el diablo. Durante sus curaciones pide la ayuda de varios santos que ya se han mencionado anteriormente. En los casos más difíciles “le pide ayuda a su abuelito difunto, para que rece por él para salir adelante en su trabajo, trabajo que le enseñó cuando era joven”.

En sus 63 años ha vivido en tres distintos sitios: en La Providencia, lugar donde nació y creció. Ya casado se fue a vivir a Cerro Caballero, Tenango, y desde hace más de 20 años vive aquí, en Cerro Liquidambar. En cada uno de estos lugares “enterró debajo de su altar 53 cacaos, copal, san Pedro y una pluma de guacamaya de color rojo; 79 esto le da poder, le da fuerza para curar y tener salud”, cuenta su hija.

Al enterrar esto realiza una ceremonia a Jesucristo consistente en “tres Padre Nuestro, tres Ave María, la canción de Oh Jesús mío, el Padre Nuestro en mazateco y la canción de La Guadalupana”.

Si tuviera que cambiar otra vez de casa, tendría que colocar de nuevo su altar hacia el oriente y se puede describir de la siguiente manera: está preparado sobre una mesa de madera de aproximadamente 1.50 m de largo por 60 centímetros de ancho y un metro de alto, pegada a la pared de tablones de madera; sobre ésta tiene acomodados cuadros con la imagen de la Virgen de Guadalupe, San Martín Caballero y San Mateo; a la izquierda una serie de libros: La Biblia, el Libro de Cantos y Rezos Mazatecos; en medio, paquetes de velas de cera pura y un frasco con agua de cacao; en la parte derecha, un frasco grueso con agua limpia, un recipiente de plástico con flores silvestres, un envoltorio con copal; en la parte superior de la pared había un crucifijo de madera de 35 centímetros de largo, un cuadro con las imágenes de la Santísima Trinidad, cruces de palma bendita, otro con el nacimiento de Jesús en el portal de Belén; en la superficie de la mesa, cubierta con un plástico azul, había una toalla sobre la que posteriormente tendió una cobija. En la parte inferior un pedazo de olla de barro con brasas de leña encendidas en las cuales se puso copal para ahumar durante todo el rito.

“Para curar se ayuda de sus libros de oraciones, su piden que vaya a curar a otra comunidad a donde lleva alguno de estos libros junto con sus 53 maicitos y San Pedro”.

Sus viajes le han servido para aprender y curar, si me llaman siempre voy. En uno de éstos don Isauro “fue enseñado a rezar el Padre Nuestro y otras oraciones católicas por una sabia. Los cantos los aprendió de los catequistas. Él siempre está listo para aprender, ahora quiere saber sobre la preparación de medicinas a base de hierbas”.

De su contacto con la radio y la televisión y la influencia de éstos en su forma de curar, se hace la observación de que solamente tiene radio y es de pilas, ya que en su comunidad todavía no llega la energía eléctrica y no sólo no ha influido en él en la curación, sino que “no le gusta la música desde que era niño, la soporta porque le agrada a uno de sus hijos” (que es adolescente); prefiero la música de la iglesia.

“Ser curandero es siempre un riesgo de que le ocurra algo malo; él no sabe si tiene contra” (alguien que le quiera hacer daño); hasta ahora no ha tenido experiencias desagradables en su actividad de curar.

La salud y el equilibrio están relacionados; una persona que está bien con Dios, con su gente y con la naturaleza que le rodea está en equilibrio; es una persona sana, “esto depende de Dios y de los honguitos, ya que es a ellos a quienes se recurre cuando se pide fuerza y salud (cuando se está sano y se quiere fortalecer) o cuando se está enfermo y se pide por la recuperación”.

Como se ha comentado anteriormente, al igual que los otros niños de su edad, don Isauro padeció de sarampión a los 8 años y “su abuelito lo cuidó” para evitar complicaciones, ya que cuando esto sucede “puede morir el enfermo”.

Devocionario Mazateco de la Virgen de Guadalupe y La Biblia”, donde a veces consulta alguna oración para determinadas ceremonias de curación o bendiciones. Cuando le En la actualidad, “se siente bien, aunque a veces le duele su brazo y su barriga, pero él sólo se cura con los hongos y le dan fuerzas”; la explicación de estos males es que a “algunas personas no les gusta su trabajo, le tienen envidia y le envían un mal aire que se le pega; él conoce un tipo de antídoto y no se preocupa, pues si se enferma sabe cómo curarse. Para hacer más fuerte su cuerpo se realiza limpias frotándose con flores xho jcao (flor de xempoaxuchitl), ramas de ruda, albahaca y otras plantas (que tienen la misma función), estas ramas las frota en el cuerpo de Cristo y de nuevo al suyo, luego las sopla para tirar lo malo”.

Las situaciones de su vida que le causan tensión a su cuerpo son: “Cuando falta el dinero o por el trabajo, le preocupa cómo va a mantener a sus hijos y cómo van a vivir, ya que hay épocas del año muy duras para la gente del campo”. Cuando esto sucede, para distraerse, “va a su rancho (terreno) a ver si hay hierbas y hay que chapearlas. Ve que su cafetal esté por producir, que esté creciendo bien, eso le tranquiliza; entonces reza y se persigna”.

El cuerpo humano

“Su cuerpo para él es importante, sobre todo su corazón y su cerebro; pero él dice que gracias a sus oídos, sus ojos, su nariz y los demás órganos (de los sentidos), puede sentir todo el mundo que le rodea y esto lo hace estar contento”.

Acerca de los cambios que ha experimentado su cuerpo en su vida como chjota chjine benda me siento con más fuerza, con poder para curar.

Cuando habló de la muerte del cuerpo, don Isauro dijo a través del intérprete: “Cuando alguien ya no se puede curar, su cuerpo se muere y se pudre, por eso lo entierran. El espíritu se va hasta el cielo, porque Jesucristo también se murió y luego subió al cielo; aquí sólo queda el cuerpo, por orden de Dios”. Los deseos, impulsos o instintos se pueden manejar “no sólo por un curandero sino que cualquier persona puede hacerlo, basta con pedírselo a Dios”. Las sustancias que desecha el cuerpo “son malas, por eso deben salir, es bueno que salgan ya que saca todo lo sucio del cuerpo, entonces uno se siente bien; cuando suda después se siente contento”.

Concepción de salud - enfermedad

Tener salud depende de Dios; “cuando se anda bien con Dios, cuando se tiene alegría, se trabaja, se está bien. Para que esta salud permanezca se deben realizar acciones de gracia con Dios. La gente se enferma porque no está bien con Dios, algo malo está haciendo, también se puede enfermar cuando le pega un contra o mal aire”, don Isauro Guerrero recomienda a las personas que vayan a la iglesia a rezar, pedir perdón a Dios por no rezarle, por eso tiene la enfermedad; “la gente sólo cuando está enferma reconoce a Dios”, traduce su hija. “Las enfermedades vienen del poniente, por donde se oculta el sol, porque es un lado malo”, el oriente es bueno, por ahí viene o sale el sol; es el lugar de Dios.

De las enfermedades que más ha curado aparte de las que se mencionan en el cuadro 1, comenta que el dolor de espalda y vómito son también frecuentes entre los pacientes que le visitan. Él las puede curar mediante la presión sobre el lugar del dolor.

Casos difíciles

La enfermedad más grave que le ha tocado curar es el desmayo de ataque de una muchacha, “él le dio a tomar un vaso completo de agua de cacao, le limpió con ramas, le habló y rezó al cielo y a la tierra; les prendió trece velas como ofrenda a cambio de la salud de la enferma y ésta sano”.

Otra fue el caso de una niña de brazos que “ya casi estaba muerta, no podía respirar, le había dado vómito; para curarla, la bañó con agua de cacao y le bajó el estómago mediante frotaciones (masajes) y despertó. También prendió trece velas y le rezó a Dios. Dios es quien le pide el número de velas a ofrecer”.

Aunque hay muchos que curan, “no todos pueden sanar estas enfermedades, sólo algunos saben, son personas especiales, con sabiduría”, Dios lo escoge porque le conoce, “tienen que ser buenas personas; si alguien que cura se porta mal, Dios le quita el poder que le dio para sanar”, traduce su hija. Según la experiencia del terapeuta, “se puede curar en cualquier lugar: en las casas, en la iglesia. Las oraciones se deben hacer hacia donde sale el sol, al oriente”. Los días propicios para las curaciones son “sábado, domingo, miércoles y jueves”.

Los días malos para curar son “lunes y viernes, porque son aquellos en que se prende cera de difuntos”. ¿Y el martes? “El martes sí se puede curar si es necesario hacerlo, pero es mejor en los otros días”.

“Las mejores horas para las curaciones son cuando hay sol”, de las 6:00 a las 14:00 horas, después ya no es recomendable.

Uno de los elementos siempre presente en sus curaciones es el san Pedro y san Pablo (pisiate) que “se unta en el antebrazo, en el estómago o debajo del pecho para curar el dolor seco, no dolores menstruales”.

El agua es un líquido que limpia, purifica, no sólo en las ceremonias católicas como el bautismo, sino también en los rituales curativos; es importante cuando se trabaja de chupador, “para limpiarle se echa agua en la cara del enfermo, también se hace lo mismo cuando se quiere que el espíritu (extraviado o atrapado) regrese al cuerpo del paciente”, como en el caso de la niña del río.

“Con la lectura de los maicitos o con los hongos se puede ver, conocer la enfermedad” de que se trata, para ello no es necesario revisar alguna parte del cuerpo, “sólo se sabe por lo que el paciente o su familia explica que tiene, siente o le duele”.

Naturaleza de las enfermedades

“Las enfermedades pueden ser calientes, frías o de asco”.

Para don Isauro las enfermedades sólo llegan, pero al preguntarle si el estar bajo el sol mucho tiempo puede causar una enfermedad caliente (insolación), contesta que sí; una segunda causa puede ser una infección por una herida, se va hinchando, siente escalofrío y calentura. Los síntomas de una enfermedad caliente pueden ser: temperatura elevada, dolor de cabeza, de huesos, brazos y espalda. Para curarlas se realiza una ceremonia: “Se arrodilla y persigna, luego se sienta y reza un Padre Nuestro, ofrece una cera si es una persona la que va a curar y seis ceras si son dos; después del rezo se le baña al enfermo con agua de cacao, también se les puede lavar los pies con agua tibia consal; cuando la temperatura es muy alta se recomienda bañar con agua fría para bajarla y también las bebidas frías”.

Generalmente se ocasionan las enfermedades frías por aire de lluvia, “cuando está lloviendo salen y se mojan, o por humedad. Se siente mucho frío, fiebre con escalofríos, dolor de estómago y vómitos. Para curarlas se ofrecen rezos y una o dos velas, además del copal y se da para tomar algo caliente, como té de manzanilla”. Las de asco: por lombrices (frecuente en los niños) o por embarazo, “para ellas se receta té de hierbas llamadas sean t’qui (estafiate), y se dan porque vienen del aire.

Estar embarazada es una enfermedad de asco; el niño está chupando la sangre de la madre, por eso tiene asco, porque el nene no tiene fuerzas. Se debe ir con un curandero para sanar, si no el niño crece con enfermedad (quizás se refiera a la anemia en la madre y en el producto); se cura con velas, copal y san Pedro”. Continúa traduciendo su hija: “Cuando los hongos nos dicen que una enfermedad no va a sanar por nuestras curaciones, el enfermo no va sanar”, sino que cada vez se agrava más, entonces les decimos a sus familiares que lo lleven a un médico (alópata)”.

Las partes más importantes del cuerpo para don Isauro son las siguientes: “La boca, porque por ahí nos alimentamos; la cabeza y la frente, porque ahí se tiene el conocimiento, el estudio; todos los órganos (de los sentidos), porque por ellos conocemos todo lo que nos rodea; también el corazón, la sangre y los huesos, ya que por ellos se vive y se sostiene el cuerpo”. La esencia de las personas puede ser buena o mala.

“La gente está formada por dos partes, el cuerpo y el espíritu, cuando una persona muere el cuerpo se lleva al panteón y el espíritu, si es bueno, se va al cielo. Existen personas que pueden causar mal, hacer daño, esto no se sabe cómo, sólo se siente, como el aire malo”, cuando esto sucede “se va a ver al curandero, él nos puede decir si fue una contra lo que nos está haciendo sentir mal, pero no sabe quién lo ocasionó, ni por qué”.

Pero aunque no se sabe exactamente cómo, sí se conocen algunos mecanismos: “Esa gente envidiosa puede ir con un brujo y mandarle enfermedades al que envidia: vómitos, dolor de cabeza, cansancio, calentura; cuando esto sucede el enfermo debe ir a un curandero para que le alivie, pero éste no podrá decirle quién le mandó hacer el mal. También hay personas con la mirada mala y pueden hacer daño porque su espíritu está mal. Si ven a una bruja las embarazadas, el nene cuando nace tiene arrugadita su colita (nalguitas). Los maicitos nos pueden decir si una enfermedad es del cuerpo o del espíritu, y Dios cura las del espíritu”.

Además de las personas también hay fuerzas o energías negativas que pueden causar enfermedades: “La tierra puede ocasionar una enfermedad caliente y provocar diarrea con sangre, esto se puede curar con la hierba de scan’tau. En una taza de agua se hace té con siete tallos de doce hojas cada uno; para el escalofrío también es bueno el scan’tau”.

El viento puede hacer que las uñas se pongan negras, cuando no se puede respirar y se agita, ya no se tiene fuerza; el enfermo se queda quieto y calladito para curarle, para ello se puede usar también el scan’tau”.

“El aire es otro elemento que puede hacer mal, causa catarro, gripa”.

“A quienes roban de las milpas le salen granos en el cuello por el castigo que le manda el vigilante o dueño de la milpa que robó; si lo robado son calabazas, los granos le salen en las manos”, ambas enfermedades “se pueden curar si se le pide perdón a Dios por robar y se le echa agua de cacao donde se localizan los granos. También hay que hacerles dos manojos con cacao (trece cada uno), una pluma de guajolote y san Pedro y san Pablo; luego éstos se van a enterrar, los dos manojos y una vela, en la milpa donde se robó”; esto es una especie de multa o compensación por el delito cometido.

“Los antepasados muertos no pueden mandar enfermedades a los vivos, ellos tienen asuntos que atender en donde están”. Al preguntarle si los curanderos pueden tener control sobre la naturaleza, dice que las cosas de la naturaleza no pueden ser controladas por los hombres, no se sabe de ese tipo de magia, sólo Dios puede controlarlas.

“Los santos no mandan enfermedades, aunque no se les cumplan promesas hechas, ellos no se desquitan así. Si se quiere se les cumple, si no, no pasa nada. Ellos sólo ayudan para curar cuando se les pide mediante los rezos”, la envidia es la causante de muchos males; “en las comunidades ha sido de siempre que exista gente envidiosa, porque su vida no está bien, porque los otros tienen lo que ellos no, no ven que es porque los otros trabajan y ellos no tanto. Se siente envidia por el café que da buena producción, porque se tienen chivos, porque su esposa es buena, o tan sólo porque les va bien”.

Un curandero debe ser honesto, responsable con su trabajo y con su familia, “hablarle a sus enfermos con la verdad, ya que ser curandero es un camino para llegar a Dios. Además la gente lo ve, lo sabe y sólo va donde hay un buen chjota chjine”.

“Él como curandero no debe cobrar por su servicio, ya que hay que hacer luego cuentas con Dios, la gente le deja lo que considere por su trabajo, puede ser en dinero, frijol, calabazas, chayotes, lo que quieran; la gente se va contenta de esa manera y se lo cuenta a otras que van a venir a verle cuando necesiten de su sabiduría”.

Si me dan poco pago por mi trabajo no me molesto. Le han pagado de $10.00 a $120.00, “siempre les da buen trato a sus enfermos, les habla bien y despacio, así viene más gente a visitarle”. Los pacientes no tienen que contarle nada de sus enfermedades si no quieren, ya que “él puede leerlo en los maicitos y con las velas, cuando éstas brincan al prenderse significa que es por la voz de la gente mala que no quiere al enfermo”.

“Él trata a sus pacientes siempre bien, sea pobre o rico, todos valen igual”, es más, cree que los pobres son más valiosos, Jesús era pobre.

Si el paciente es un niño y está llorando, le tiene paciencia, le echa agua en la cara y deja de llorar, por lo demás lo trata igual que a la gente grande. Otras ceremonias en las que los curanderos tienen participación son las relacionadas con las labores agropecuarias, éstas son complejas y sólo nos da algunos comentarios.

“La milpa se bendice con agua de cacao para que dé bastante maíz, los rezos se hacen con una vela prendida. Cuando se va a sembrar el cafetal se prende una vela en medio y reza para que produzca bien. Cuando le hizo sus mazorcas, también se reza y se prende una vela en el centro. Los toros también se bendicen con agua de cacao, en estos casos se le reza a San Isidro”.

Práctica Médica

Causas de demanda de atención

La gente de su comunidad y de las comunidades vecinas a ésta, solicitan los servicios médicos del chjota chjine Isauro Guerrero por muchas enfermedades de las cuales mencionaremos seis, en el orden de mayor a menor frecuencia en que se presentan. La curación de estas enfermedades requiere de dos tipos de prácticas: la curación propiamente dicha y el remedio.

Éstas están interrelacionadas entre sí ya que atiende aflicciones del alma y del cuerpo. Es en el cuadro número 1 donde se relacionará el nombre de la enfermedad en lengua y castellano, la curación, el remedio, así como las atenciones caseras que se recomiendan, y la frecuencia aproximada de casos de curación que se presentan por mes.

Al preguntarle por una forma de evitar o prevenir el padecimiento de estas enfermedades, don Isauro comenta que no hay forma de evitarse, sólo pasa; cuando le toca a alguien, así también si no se atiende la enfermedad el paciente se puede morir.

En el caso particular de este médico no hay mucha información sobre los recursos terapéuticos, ya que su curación es más a base de rezos, ofrecimiento de velas, limpias con huevos y san Pedro (tabaco molido con cal) y, no por aguas medicinales, pomadas u otros medicamentos que contengan hierbas o minerales.

Creo importante comentar que para diagnosticar las enfermedades, saber qué se pide a cambio de la curación en el más allá, cuál fue la causa de éstas y si se curará o no el paciente, don Isauro se auxilia de 53 granos de maíz para la adivinación o de la ingestión de los hongos, que por sí solos también sirven para curar durante las veladas.

Otras enfermedades las trata mediante la técnica de absorción o succión del mal, mejor conocida como chupador, a través de un popote invisible que se forma con la mano al entrecerrarla, recogiendo con éste el mal y lanzándolo hacia el poniente o quemándolo en la copalera, “también mediante las limpias con ramas de plantas o flores”, que como se comentó en el cuadro número 1 “absorben el mal y son tiradas lejos de los caminos para evitar que quien pase por ahí recoja ese mal”.

Don Isauro también es partero y ha atendido a la mayoría de las mujeres de su comunidad y de las comunidades cercanas de donde le mandan a buscar.

Ritual de adivinación a base de granos de maíz y velas de cera pura de abeja

Este ritual se realizó en la casa del médico indígena tradicional don Isauro Guerrero García, en la comunidad de Cerro Liquidambar, municipio de San José Tenango, el día 8 de noviembre de 1996, de las 12:00 a las 13:30 horas, frente a un altar preparado sobre una mesa.

Previa quema de copal en brasas de carbón, la ceremonia se inició con un rezo en lengua mazateca, invocando a la Virgen de Guadalupe, a Jesucristo, a san Lucas y san Venancio, “pidiéndoles fuerza, poder, para que a través de las velas la persona o personas a curar tengan protección contra los malos espíritus, o sea para tapar la puerta de paso de todo lo malo” (o negativo).

Las velas las fue prendiendo una por una; la primera con un cerillo y las otras con la vela anterior, nunca dos velas de la misma, sino la segunda con la primera, la tercera con la segunda y así sucesivamente.

Las dos primeras las ofreció a la Virgen de Guadalupe y Jesucristo y las pegó en una varilla de madera de 50 por 7 cm que puso sobre la mesa para tal fin, la tercera vela se la dio a la persona a curar, quien la sostuvo durante toda la ceremonia, las otras velas las mantuvo don Isauro en su mano izquierda mientras rezaba e interpretaba los maíces.

Posteriormente rezó con su paciente tres Padre Nuestro y tres Ave María, todo en español, y concluyó con un canto a la Virgen de Guadalupe en lengua mazateca.

Después le pidió que le diera en la mano derecha los 53 maíces que tenía en una bolsita sobre la mesa, mismos que purificó con el humo del copal. Con la invocación de la bendición católica, echó los maíces desde una altura de 15 a 20 centímetros, cuidando que no cayeran al suelo, los bendijo con la señal de la cruz y los interpretó de acuerdo a la posición que tenían:

— Si están de frente, a cierta distancia, “están platicando”.
— Si la distancia es corta, “se tienen afecto, estima”.
— Si las puntas están juntas, “existe amor entre ellos”, la relación tiene futuro, “es recomendable la pareja”.
— Si un maíz va siguiendo a otro, la persona está siempre acompañada.

En la parte izquierda de la mesa “leyó” el estado de salud de la enferma, recomendándole que se cuidara con la costumbre de prender las trece velas y si era necesario recurriera a la medicina alópata.

Hacia la parte derecha “leyó” la descendencia. Por una segunda ocasión rezó lo antes mencionado y cantó el Padre Nuestro en lengua mazateca, tiró por segunda vez los maíces, comentó casi lo mismo.

Una tercera vez rezó y echó los maíces confirmando lo dicho en la primera y segunda tiradas de los maíces, pidiendo fuerza y bendición para el buen retorno de la persona a su lugar de origen y su vida futura, haciéndole recomendaciones de orar, asistir a misa y prender las velas; mientras decía esto, tocó con su mano derecha la cabeza de la muchacha para darle su bendición.

Las velas, tanto de la paciente como la del curandero, se colocaron en la varilla de madera antes mencionada.

De preferencia este ritual curativo lo realiza antes de las 17:00 horas, para ello usa 53 maíces que toma de los seleccionados para semilla, los mejores, los cambia cada vez que tienen gorgojos. Para utilizarlos los tiene que purificar y bendecir con humo de copal haciendo oraciones especiales.

Don Isauro dice que “otros curanderos usan trece o 18 maíces”, pero que “él, al igual que su abuelito que le enseñó, utiliza 53”, ya que con este número se pueden leer más aspectos de la vida del paciente (salud, enfermedad, amistad, amor, trabajo, descendencia, estado de ánimo, negocios, etcétera).

A través de los maíces se puede ver qué tipo de mal tiene el enfermo y el remedio a utilizar, por ejemplo en una ocasión cuando ya había hecho todo con su medicina tradicional por su paciente, le recomendó ir con un médico alópata para completar su curación, “se lo dijeron ellos”.

También echa los maíces cuando va a dar masajes o acomodarle la criatura a una mujer embarazada, para saber en qué posición se encuentra y cómo hacerlo; asi-mismo, cómo actuar en el momento del alumbramiento.

Vínculos Comunitarios

Don Isauro siempre participa en reuniones y actividades de su comunidad y de otras; en la sociedad de padres de familia; en los trabajos comunitarios; en los programas que apoyan el cultivo del maíz; es delegado de su comunidad en la Sociedad Cafetalera de San José Tenango y no sólo asiste y participa en ésta, sino que cuando es necesario se traslada hasta Huautla de Jiménez.

Debido a que es una persona dedicada y de sabiduría, su consejo es siempre solicitado por la gente de su comunidad, ya sea para consultarle sobre algún trabajo de la milpa o sobre problemas familiares, también le han pedido en varias ocasiones que los acompañe a Oaxaca a tratar algún asunto. “Como curandero la gente lo aprecia, porque los cura y eso le da gusto. Las autoridades lo consideran buen médico. Algunas veces lo han apoyado moralmente, así como a su gente. Le dicen que trabaja bien, que siga aprendiendo más como curandero, día tras día”. Al preguntarle si lleva algún tipo de registro de sus pacientes, de las enfermedades y los remedios o curaciones para éstas, él dice que no, al menos no escrito, ya que todo lo tiene guardado en su cabeza (de memoria). De los enfermos que ha tratado sólo uno se ha muerto; ya no tenía más fuerza cuando lo trajeron, ya no se podía hacer nada por él, ya se iba a morir.

Enseñanza a aprendices

Isauro Guerrero considera que ya está bajando mi fuerza, por lo que “es el momento de buscar a quién enseñarle su sabiduría para que aprenda y cure cuando él ya no pueda caminar” e ir a ver a sus pacientes a las otras comunidades, “eso será cuando tenga de 80 a 85 años de edad”. Además, para “cuando él se enferme ellos lo van a curar”. Comenta que ya tiene tres aprendices: dos mujeres y un hombre, cuyas edades son 47, 50 y 45 años, respectivamente.

Pero, ¿por qué a ellos?, ¿qué tienen de especial? Su hija traduce que “ellos se lo pidieron, lo reconocen como buen curandero y lo consideran como su papá, además ya sabían algo de esto; con ellos ha ido cuatro veces a Altamira”, la comunidad donde viven y de donde vienen por él. Cada semana les dedica un día. La manera de transmitirles sus conocimientos es individual, “uno por uno, a todos les va enseñando igual”:

Primero los rezos y las ceras, después la lectura de los maicitos, y luego sobre el cacao para hacer los manojos (con San Pedro, plumitas y trece cacaos cada uno), y por último a dar hongos, ya que lo más difícil es saber guiar cuando se está velando.

Esta es la primera vez que enseña a alguien que no es de su familia y lo está haciendo en el mismo orden, “igual como lo hizo con él su abuelito”. Ellos le dieron $300.00 cada uno por toda la enseñanza. Él les va a seguir transmitiendo lo que sabe sin cobrarles nada.

Cuando su aprendizaje termine se hará una ceremonia de presentación ante Dios; le va a hablar para pedirle que les dé fuerza para curar, para ser buenos chjota chjine, y deberán rezarse tres Padre Nuestro, tres Ave María y un Credo.

Si alguien más le pide su enseñanza se la dará de la misma manera.

Vínculos con otros terapeutas

Don Isauro Guerrero es miembro de un grupo de médicos tradicionales que existe en San José Tenango cuyo nombre es Agua Bendita. Se lleva bien con todos los Integrantes, pero no con todos ha intercambiado o platicado sus conocimientos y experiencias, sólo con uno. A veces platican de los casos más difíciles que han tenido para curar y se apoyan mutuamente.

También ha participado en reuniones para la elaboración de medicamentos de herbolaria pero no aprendió lo suficiente, por lo que “le gustaría que las personas que conocen más sobre esto le enseñaran a hacerlas”. Las instituciones oficiales les han dado cierto apoyo pero le gustaría que éste fuera mayor.
02-19-2008 04:00 AM
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