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Testimonio de Cirila Reyes González, partera-hierbera de 80 años de edad
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Testimonio de Cirila Reyes González, partera-hierbera de 80 años de edad
Testimonios de Vida de Médicos Indígenas Tradicionales

María Guadalupe Narciso Álvarez

Testimonio de Cirila Reyes González, partera-hierbera de 80 años de edad

En el presente testimonio la narración está en tercera persona debido a que doña Lupe Narciso traduce a doña Cirila Reyes del mazahua al español (lo que aparece entre comillas es la traducción de las palabras de doña Cirila). Los temas, siguiendo la metodología, son sugeridos por la historiadora de estos testimonios.

Aprendizaje

“Su vecino la llamó en la noche y lo fue a ver. Estaba la señora con su esposo nomás, y le dijo que viera tantito a su bebé porque ya había nacido. Entonces, lo garró al bebé, lo levantó y le limpió la boquita; lo que tenía. Entonces, ella acostó a la mamá, al bebé lo bañó y lo acostó junto a la mamá. Ya supieron de allí, ya nomás las señoras le gritaban que fuera a ayudar a los partos. Así fue para siempre, para siempre le gritaban. “Sí le asustó cuando curó la primera vez. Primero no, pero ya después le preguntó al señor, ¿dónde están las tijeras?, ‘no tengo tijeras, vete a ver el cuchillo que está en la cocina’, así le dijo, y con eso le cortaron el ombligo al bebé. Ella rápido lo amarró. Cuando llegó con su marido le dijo que quién la mandó allí, a dónde fue y si le iba a matar al bebé, o a la señora. Entonces, ella la iba a llevar a la cárcel y su marido le dijo, ‘si te van a llevar a la cárcel, no te voy a seguir, regla a ver cómo arreglas tus asuntos’, así le dijo. “Cuando aprendió, tenía 40 años. Ella hizo lo posible por ganar el dinerito. Para comprar algo, lo que necesitaba en la cocina o su ropa.

“Ella bañó al bebé, a la mamá y coció hierbas para aire. A los tres días lavó la ropa del bebé, la de la mamá, y lo cambió. Durante tres días ella no se fue. “Vivía allá arriba una señora que gritó, ‘vente para acá, tía Lila, córrele; vente, vente a ayudarme, esta señora ya se alivió; vente a verme tantito, que me vas a ayudar aquí’. Su marido le dijo ‘vete, córrele a ver; pobre señora está sola’… entonces ya se fue. Pues así ya se enseñó… ya después gritaron. Cuando vivía allá arriba en el monte, entonces, se fue en el ejido y lo mismo, los vecinos ya llamaron. Ya llamaron, ya se fue a tal parte.” Posteriormente, doña Cirila narró quién le enseñó a atender partos: “Fue una partera que vio ella, la difunta Maliciana Marín, la que le ayudaba a sus hijos. Ella vio que le echó el veliz así, tapó el muñeco, le fajó, le echó el rebozo, como esa señora partera que me ayudó a mí. La vi que me hizo así sobado y pues también lo voy a hacer, lo voy a echar. Entonces preparo la hierbabuena (Gnaphalium luebmannii Sch), le echo tantito alcohol, y lo meto acá en el ombligo, y ya con eso se le quita el dolor que tiene. Nomás puro fue así de muchachas que la ayudó. Nadie más que esa señora dijo que le enseñó, que le ayudó.”

Doña Cirila platica su experiencia como partera, respecto a la atención de los recién nacidos. “Cuando se desmayan los niños los baña con cigarros, Faros; los tibia con alcohol y los baña; cuando quieren agarrar pulmonía, con eso se les quita. Se calienta al bebé y se duerme, ya no llora. “De la boca, pa’ que ya no pase suciedad así, cuando ya se alivia, dice que garra un trapo y le limpia todo de la boquita, todo de los ojitos, todo de la cabecita, entonces, ya lo tiende a la mamá. Los bebés que se aliviaban, los levantaba, les limpiaba la boca y luego los traía a la mamá a la casa a donde ella llegaba. “Veía cuando platicaban, ‘cuando no está nadie quien te ayude, cuando ya se vino el bebé, nomás la placenta se viene, es fácil para venir, entonces, ya vamos a ayudar’. Cuando estaba trabajando oía a las señoras que andaban así, que decían, ‘ese bebé, ya se cayo’, ‘ese bebé, si no lo encuentra la partera, quién te va a ayudar’, ‘ya se cayó el bebé… agárrale con un trapo, límpiale la boca para que no pase suciedad, con eso ya se le quita, ya no se enferma, porque si no, le garra como cólico’, así decían.”

Práctica médica. Cultura médica

“Pos ella sabe cómo bañar al bebé. Lo baña con alcohol y le unta tantito esa pomada. Luego le arregla la molleja, le empina la cabecita para abajo. Cuando se aliviaba su nuera - tiene dos -ella la sigue viendo; cuando la vienen a llamar las sigue. Va a ir, le gritan, ‘que vayan a ver tantito a mi esposa, o mi tía’; o así, y a ver si le falta o ya llega la hora que nace. Cuando llega la hora, rápido ella la ve; pero cuando le falta pues tiene que andar su paso, para acá y para allá. “Nace bien el bebé, bien gordito y fuerzudo. Si es mujer tiene fuerzas y nace muy bien, no tiene problemas. “Cuando se quiere bajar el bebé, le da dolor, nomás le echa cebolla con ajo y lo unta en el estómago, en la espalda, o cigarro. Después le unta alcohol y ya con eso se le baja el aire que tiene; porque es aire lo que tiene, lo que quiere bajar, pero ya con ese alcohol, la pomada que le echa o vick vaporub y cebolla; es calmante.

“Ya nada más lo baña con cebolla y ya. Nada más la mamá le dice, ‘no tía, ya vete, ya estoy bien, ¿cree que todavía me falta?, aún no me voy a aliviar, ya se me quitó todo el dolor, todo lo que tengo’. Cuando está abajo, se le baja como el moco, es cuando ya nace el bebé. Cuando ya nació su bebé la gente se va y ni siquiera se acuerda de ella, ni cuánto le deben. “Cuando la gente grande no regla bien, va ir a cortar árnica (Arnica montana, L.), le echa tantito alcohol y se toma caliente. Ya con eso se le calma o se le baja la regla bien.” Doña Cirila recomienda a estas personas para que eviten estas enfermedades que “le echen una sobada en todo en el pulmón y, así, en el pecho. Si le da dolor en la cabeza, le unta tantita pomada y lo baña con tantito alcohol. Entonces a los tres días ya está bien. Son como 20 personas que ya ha curado de dolor: sus vecinos y sus nietos. El sobado de los huesos, con la pomada que les unta con alcohol.”

El nacimiento de un niño

“Cuando todavía le falta una hora para el nacimiento es cuando ya le dice a la mamá que se siente, que haga sus pasos. Cuando ya se le bajó su agua, que viene como moco, entonces llega bien el bebé. Ya se nace. “Le hace el sobado (en el muñeco) en el estómago para que la hemorragia no se pelee mucho. Entonces eso lo apachurra, para que se le baje… para que ya no se pelee mucho con la mamá del bebé; hemorragia es lo que tiene, porque luego le da retorcijón… pero esa sangre se le cuaja… se le hace dura. Entonces, ella lo magulla, le coce algo, un ajenjo o lo que le da para que tome y se calienten sus tripas. Le echa unas cuatro gotas de alcohol a un vaso y medio para que tome. Se le calienta todo el cuerpo y bien que se duerme contenta la mamá. “Aquí nosotras levantamos pesado. Algunas después de ocho días que se alivian ya alzan pesado, así tumba al metate para que muela, o la olla o algo nixcomel. Nosotras acostumbramos amarrar esa faja, porque si no, se le riega el histérico. Se le va todo de la cabeza, de la mano y de los pies, y por eso allí ayuda el muñeco que se amarra con rebozo.

“Ese histérico que ya se regó todo, ya se subió a la cabeza, a los oídos, al pulmón, a los pies y a los dedos. Se cura sobado para arriba, desde los pies. De las manos se hace así, para arriba, y luego el dedo lo hace así, así lo jala, entonces ya el histérico se sube. Sobado en las manos y en la cabeza. Después lo baja y lo mete así, hacia el muñeco. El rebozo ya lo tiene acá, ya nada más lo baja así… sobado y todo esto así. Ya lo siente cuando el histérico está en el muñeco y amarra el rebozo, entonces ya está bien. El histérico todas nosotras lo tenemos. Cuando estamos muchachas todavía no sentimos nada, pero cuando ya tenemos 30 ó 33 años ya se siente el histérico; porque se riega por el trabajo que tenemos, excavamos o acarreamos piedras, cargamos pesado y todo eso, eso es lo que trabajamos nosotras. El histérico brinca mucho cuando ya se junta, pero cuando no tiene nada no brinca nada del ombligo.”

Cuando una persona tiene histérico

“Le duele mucho el estómago, siente que no tiene tripas; como vacío del estómago, entonces, le dice a la señora que va curar el histérico, ‘vente pa’ca tía, me vas a ver tantito a sobar mi estómago, porque quién sabe qué cosa tengo; siento que no me aguanto, me duele mucho mi estómago; no tengo hambre y tengo como asco’, así le dicen. Entonces con su puño le agarra, así pa’ arriba y ya después la soba así. Ya la faja, la baña en tantito alcohol tibio y ya con eso y con la hierbabuena (Gnaphalium luebmannii Sch), con eso se le calma el dolor que tiene. “Dice que va a ir a ver el doctor, pero con el doctor no se compone. Hasta que le pone un vaso de ventosa, entonces, ya con ese se le quita el dolor que tiene, porque es aire lo que tiene. “Por ejemplo, ahorita que estás muchacha todavía no sientes nada, pero el día que va a nacer un bebé o dos, vas a sentir el dolor. Pero toda la gente sí tiene el histérico porque trabaja fuerte, pesado.

“Ella, cuando nació su primero y segundo hijo no sintió; ya en el tercero, ya dio brincos del estómago, se agarró como desmayada, ya no tenía fuerzas, le daba asco comer todo, por lo mismo del histérico.” Doña Cirila narró entonces cómo fue que aprendió a curar el histérico: “Ella solita aprendió, porque sola se aliviaba de sus muchachos. Ella sentía que su ombligo brincaba. Se lo arregló solita con un muñeco, sola se fajó, entonces el dolor que le daba se le quitó.”
02-19-2008 03:55 AM
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