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DEPRESIÓN, DESESPERANZA, DISTIMIA DEPRESIVA, NEUROSIS NOÓGNEA Y SUICIDIO
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DEPRESIÓN, DESESPERANZA, DISTIMIA DEPRESIVA, NEUROSIS NOÓGNEA Y SUICIDIO
DEPRESIÓN, DESESPERANZA, DISTIMIA DEPRESIVA, NEUROSIS NOÓGNEA Y SUICIDIO

DEPRESION

La depresión, como entidad clínica definida, tiene una prevalencia del 5-6% en la población general, si bien pueden encontrarse síntomas depresivos en el 15-20%. El diagnóstico preciso resulta imprescindible, ya que es inexcusable un abordaje terapéutico específico.

Puesto que la tristeza y algunos síntomas depresivos (astenia, desmoralización, anorexia, etc.), son ubicados y pueden darse tanto en el sujeto normal como en el ámbito de la patología, la actuación inicial debe ir dirigida a delimitar si tales síntomas están justificados por una situación socio-ambiental concreta y no constituyen un estado mórbido, ya que la intensidad, duración y escasa afectación del rendimiento no permiten hablar de patología o, por el contrario, decidir si se enfrenta a un estado mórbido.

Los cuadros distímicos incapacitan y provocan un grave desequilibrio personal y social. La depresión es una entidad patológica que, en muchos casos de forma silenciosa, puede destruir la vida a muchos niveles, convirtiendo a la persona que la padece en insegura, temerosa, ansiosa e inestable, dificultando seriamente su vida cotidiana e impidiendo su competencia personal y social.

Algunos estudios psicológicos muestran que ciertos tipos de trastornos de conducta, como la ansiedad y la depresión, pueden aparecer cuando la persona fracasa al intentar enfrentar de manera adaptativa los acontecimientos de la vida cotidiana. Asimismo, aportan datos alarmantes según los cuales la depresión ocupa el cuarto lugar de la lista de epidemiología, y pronostican que pasará al segundo lugar en el 2010.

Las causas de la depresión son complejas, ya que se mueven desde lo biológico como factores genéticos, anormalidades hormonales, desequilibrio en los neurotransmisores (deficiencia en serotonina, dopamina o noradrenalina o todos; depresión endógena), hasta las experiencias traumáticas reciente o factores estresantes en la vida diaria (depresión reactiva). Además, otras enfermedades pueden ser causa de depresión, o ser concomitantes con ésta. Incluso, la depresión puede sobrevenir a la persona como resultado del tratamiento de otra enfermedad, provocada por determinados tratamientos farmacológicos (depresión iatrógena).

Alrededor del 16% de la población padece depresión clínica una vez al menos en su vida. La depresión es más común en mujeres que en hombres, y su prevalencia en el episodio unipolar es de 1’9% para hombres y 3’2% para mujeres. El 5’8% de hombres y el 9’5% de mujeres experimentaran un episodio depresivo en un período de 12 meses. Esta prevalencia puede variar según la población y en algunas poblaciones puede ser aún mayor. Otro aspecto preocupante es que ataca en los años más productivos de una persona, ya que se da entre los 18 y 44 años, y dentro de este rango especialmente entre los 25 y los 34 años, encontrándose cada vez más en edades tan tempranas como la niñez y la adolescencia. En los textos de psicopatología al uso y en las diferentes obras que existen acerca de depresión se desarrollan diferentes clasificaciones. La referencia es obligada a la clasificación de la OMS, la CIE-10 y la de la APA, el DSM-IV-TR.

Los síntomas de la depresión tienen algunas variaciones dependiendo del tipo que se presente, pero los más comunes son sentimientos de profunda tristeza y desesperanza, pérdida de interés e incapacidad para experimentar placer (anhedonia), pérdida de apetito (anorexia) o aumento considerable del apetito, insomnio o hipersomnia, fatiga, energía baja, sentimientos de inutilidad, incapacidad y culpa, incapacidad para concentrarse, baja autoestima, sentimiento de soledad o de incomunicación, miedo persistente sin saber a qué o por qué y pensamientos recurrentes de muerte y suicidio.

Los siguientes síntomas son los más característicos de las personas que padecen de-presión: atienden selectivamente a acontecimientos negativos de sus vidas (abstracción selectiva) y a las consecuencias inmediatas, y no a las demoradas, de su conducta; establecen exigentes patrones de evaluación para su conducta, a menudo son perfeccionistas y ven que su conducta nunca es tan buena como debería ser, se rigen por el «todo-o-nada», y esta evaluación se aplica más a sí mismo que a los demás; tienden a hacer atribuciones internas en el caso de acontecimientos negativos y atribuciones externas en el caso de sucesos positivos; se autoadministran recompensas contingentes insuficientes y castigos excesivos debido a una fuerte culpa y autocrítica. Es muy importante para el diagnóstico el potencial de las personas deprimidas para percibir negativamente el ambiente y los acontecimientos que le rodean.

Como trastorno clínico (CIE-10), la depresión se distingue de la tristeza normal y ordinaria en que interfiere con la funcionalidad cotidiana (la persona vive la incapacidad o el absurdo, al realizar las tareas domésticas, aun cuando las lleve a cabo); implica importantes problemas en la interacción social, en la conducta y/o el funcionamiento mental o biológico; es mucho más profunda y dolorosa; es más prolongada en su curso y requiere atención médica y psicoterapéutica. Las personas con depresión experimentan que su vida carece de sentido, que el sufrimiento es excesivo, intolerable, y debido a ello deciden dar fin a su vida, la cual se presenta en sus condiciones como algo absoluto, irremediable e irreversible.

En los últimos años se ha hecho tan frecuente que ya muchas personas utilizan la palabra «depresión» para describir sus estados de tristeza o preocupación. Sin embargo, es muy importante distinguir el «sentimiento» de tristeza o soledad de un trastorno de estado depresivo clínicamente diagnosticable.


DEPRESIÓN, DESESPERANZA, DISTIMIA Y NEUROSIS NOÓGNEA II

DESESPERANZA

Hace referencia a sentimientos y cogniciones negativas acerca de uno mismo, del mundo y del futuro, y se correlaciona de manera directa y significativa con ideaciones y tendencias suicidas, de tal modo que a mayor grado de desesperanza, mayor riesgo de suicidio.

La desesperanza es un síntoma que acompaña a la ideación suicida más que el propio estado depresivo; no obstante, no se sabe a ciencia cierta si la desesperanza es un factor de riesgo que interactúa con, y puede exacerbar, otras vulnerabilidades cognitivas que diferencian las personas suicidas de las no suicidas, tales como la rigidez y el pensamiento obsesivo, poca capacidad de resolución de problemas, y un autoconcepto negativo.

DISTIMIA DEPRESIVA O TRASTORNO DISTÍMICO

Distimia, de unas palabras griegas que significan "humor perturbado", es uno de los trastornos más abundantes en nuestros tiempos. Se emplea el nombre de distimia para calificar una alteración del estado de ánimo que también se denomina con otros nombres:

1. Depresión menor. Es un nombre engañoso, pues, aunque los síntomas sean en menor cantidad o intensidad que en una depresión mayor, su permanencia en el tiempo suelen causar malestar significativo a las personas.

2. Depresión neurótica. Nombre hoy en desuso. Se refiere a una antigua clasificación en la que los "trastornos neuróticos" eran definidos como "de origen psicológico".

3. Depresión crónica. Es una definición que carga el acento en la duración del proceso. Pero también el trastorno depresivo mayor puede ser crónico, y es muy distinto de la distimia

4. Se considera que los trastornos relacionados con el déficit de serotonina pueden afectar al 30 % de las personas. La distimia sería el más frecuente de ellos.

Síntomas

Los síntomas más importantes son:

1. Altibajos del estado de ánimo

2. Tendencia al estado de ánimo irritable o deprimido. La persona distímica suele ser enojadiza, y con tendencia a estar triste o deprimida

3. Dificultad para disfrutar de las cosas positivas de la vida. La persona distímica tiene atolladeros para llegar a considerarse plenamente feliz

4. Trastornos del sueño: el sueño no acaba de ser reparador. La persona distímica se despierta varias veces, y suele hallarse cansada por la mañana

5. Problemas de concentración. La persona distímica acostumbra a percibir problemas de memoria y de concentración, aún para actividades lúdicas (ver una película, por ejemplo)

6. Tendencia a las somatizaciones. Cefaleas y vértigos son las más frecuentes, junto a los estados de fatiga crónica



DEPRESIÓN, DESESPERANZA, DISTIMIA Y NEUROSIS NOÓGNEA III

Causas

No es sino un estado casi depresivo, probablemente de naturaleza orgánica (genética) aunque activado por una situación de estrés continuado. Acontece con frecuencia en personas sometidas a tensiones constantes, o en personas extremadamente autoexigentes, para las cuales cualquier situación se convierte en estresante.

Duración

Puede durar semanas, meses o años. Hay personas que han estado así prácticamente toda su vida. Algunos autores hablan de "personalidad depresiva" en estos casos. Muchas personas con distimia llegan a creer que "ellas son así", y no identifican la distimia como una condición patológica, sino como un estado normal de su forma de ser.

Malestar personal o familiar creado por la distimia

La distimia es causa frecuente de malestar personal, y de malestar familiar. Las personas con distimia suelen estar irritadas, agresivas, con facilidad para entrar en discusiones, y con una baja tolerancia a las frustraciones. Con frecuencia se las califica de "amargadas".

Tratamiento

Las personas con trastorno distímico pueden ser tratadas mediante varias técnicas, ya sea psicoterapia y/o antidepresivos.

NEUROSIS NOÓGENA

Cuando la persona experimenta que su voluntad de sentido existencial no se satisface, cuando no encuentra sentido a su vida, se origina una frustración existencial, o frustración de la voluntad de sentido, dando lugar a la llamada «neurosis noógena» o «vacío existencial», un estado caracterizado por la incertidumbre sobre el del sentido de la vida.

Las manifestaciones del vacío existencial son la sensación de tedio, hastío o aburrimiento, la convicción de que no se posee control sobre la propia vida y de que nada puede hacerse para que sea de otro modo. En ocasiones, esta frustración existencial puede expresarse bajo la forma de sintomatología depresiva.

Esta depresión noógena sería la frustración espiritual-existencial de una persona, la cual desespera porque no vive según los dictados de su más auténtica forma de ser. Alrededor del 20% de las depresiones que son clínicamente tratadas no responden a una etiología psicógena o somatógena, sino noógena, esto es, provocada por la falta de sentido de la propia vida. Este tipo de depresión parece que va en aumento, sobre todo en las sociedades más industrializadas, en las que aparentemente las personas gozan de mayor bienestar y felicidad. El riesgo de suicidio en esta neurosis es más elevado que cuando las condiciones generales de la vida no son tan buenas pero se experimenta la expectativa del logro, o el logro mismo de sentido. En estos casos se hablaría de «suicidio noógeno».

SUICIDIO

El suicidio es un fenómeno complejo que ha atraído la atención de filósofos, teólogos, médicos, psicólogos, sociólogos y artistas a lo largo de los siglos. Encontramos referencias en Platón (Fedón, Las Leyes), Aristóteles (Ética a Nicómaco), Séneca (Cartas morales a Lucilio), San Agustín (La ciudad de Dios), Santo Tomás de Aquino (Summa Theologica), Montaigne (Ensayos), Hume (Sobre el suicidio), Schopenhauer (Sobre la felicidad), Durkheim (El suicidio), Nietzsche (Así habló Zaratrustra), Jaspers (Filosofía), Cioran (La tentación de existir, Del inconveniente de haber nacido), por citar solo algunos.


DEPRESIÓN, DESESPERANZA, DISTIMIA Y NEUROSIS NOÓGNEA IV


Relativamente pocos países disponen de datos fidedignos sobre el comportamiento suicida no mortal. La razón principal reside en la dificultad de recopilar la información. Sólo una minoría de los que intentan suicidarse acuden a los centros de salud para recibir atención médica. Además, en muchos países en desarrollo, la tentativa de suicidio sigue siendo un delito penado y, por consiguiente, los hospitales no registran los casos.

Por otra parte, en muchos lugares no es obligatorio notificar las lesiones y, en consecuencia, no se recopila la información sobre ellas en ningún nivel. Otros factores también pueden influir en la notificación, como la edad, el método de la tentativa de suicidio, la cultura y la accesibilidad de la atención de salud. En la actualidad, no se conoce claramente la magnitud de los intentos de suicidio en la mayor parte de los países. Hay algunos datos que indican que, en promedio, sólo cerca de 25% de los que llevan a cabo actos suicidas contactan con un hospital público (posiblemente uno de los mejores lugares para la recopilación de datos) y estos casos no son necesariamente los más graves.

El aumento de las muertes por suicidio en los últimos años ha sido experimentado, sobre todo, en población adolescente que presenta problemas de drogadicción, conflictividad familiar y problemas en la identidad/conducta sexual y adulta joven (es una de las tres causas principales de muerte en este grupo poblacional) con edades entre los 35 y los 45 años.

Alrededor del 14% de los suicidios se cometen entre los 15 y los 24 años, al punto de haber llegado a convertirse en la segunda causa de muerte en jóvenes a partir de los 14 años. Algunos estudios han hallado tasas entre el 15% y el 20% de adolescentes con ideación suicida acompañada de sentimientos de desesperanza e indefensión. Las elevadas tasas de suicidio permiten considerarlo un auténtico mal epidémico, siendo uno de los problemas más importantes en las sociedades actuales.

Pueden ser diversos las causas y motivos que llevan a una persona a decidir suicidarse: niveles anormales de serotonina u otros neurotransmisores que provocan una depresión endógena incontrolable por quien la padece, acontecimientos vitales dramáticos y traumáticos que hacen insoportable seguir viviendo, la sensación profunda de que la vida carece de sentido.

Los deseos de suicidio pueden entenderse como expresión extrema del deseo de escapar a lo que parecen ser problemas irresolubles o una situación intolerable. El depresivo puede verse a sí mismo como una carga inútil y consecuentemente pensar que sería mejor para todos, incluido él mismo, si estuviese muerto.

La desesperanza, junto con la presencia de trastorno mental, el historial de tentativas suicidas previas, el historial familiar de suicidios y el abuso de sustancias adictivas, es uno de los factores predictores más potentes de tentativa suicida.

Bibliografía

García-Alandete, J., Gallego-Pérez, J.F. y Pérez-Delgado, E.: DEPRESIÓN, DESESPERANZA, NEUROSIS NOÓGNEA Y SUICIDIO. INTERPSIQUIS. 2007; (2007)

http://www.drromeu.net/Distimia.htm
03-23-2009 05:46 PM
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